…”Los partidos han comprobado que hay cosas que no se pueden hacer. No se puede gobernar de espaldas a la ciudadanía, porque ésta ya ha aprendido a organizarse y salir a la calle. El partido que suba al poder ahora estará obligado a integrar parte de las propuestas del movimiento 15M, o a enfrentarse con una parte importante de la ciudadanía en un escenario muy poco apetecible. Tiene el reto de dar paso a una democracia diferente, en la que el ciudadano deje de sentirse como un títere que introduce una papeleta en una urna y legitima con ello a un representante que no le volverá a mirar a la cara hasta cuatro años después. El reto de intentar acomodar desde dentro lo que le exigen desde fuera, para evitar que se rompa la baraja.
Los ciudadanos demandan cambios en la ley electoral, listas abiertas, transparencia absoluta y acceso a toda la información pública y a la de sus representantes para reducir o eliminar la corrupción, y una verdadera y legítima separación de poderes. Demandan el fin de una partitocracia que durante años sustituyó a lo que debería haber sido una verdadera democracia. Demandan ajustes importantes en el sistema. El fin de toda una forma de hacer política. Lo demandaban, y lo van a seguir demandando: las elecciones de ayer no cambian nada en este sentido. El analista que minimice la importancia de unas protestas recogidas y analizadas ya en toda la prensa internacional comete un importante error, como lo cometerá aquel partido que no lleve a cabo una rápida revisión a fondo de sus propuestas. El consenso de mínimos es lo que arrastró a los ciudadanos a la calle, lo que dio lugar a una verdadera protesta multicultural y multidemográfica, con personas de todas las edades, ideologías y extracciones sociales. Lo que ha generado apoyos y simpatías en otros países. Y lo que verdaderamente nos va a quedar después de todo esto: una democracia más sana, mejor adaptada a un escenario profundamente participativo gracias los mecanismos de la red, y un sistema en el que los ciudadanos recuperen una parte muy significativa de su papel…”
Enrique Dans (23/05/20011) http://www.enriquedans.com/2011/05/15m-en-espana-amanecio-tras-las-elecciones-y-los-ciudadanos-seguian-ahi.html
Loable reflexión de Enrique Dans, uno de los más activos y sensatos dinamizadores en la red del movimiento que ha dado lugar a las manifestaciones del 15M y a las acampadas.
Pero parece asustado. Parece como si el movimiento esté descontrolado (no controlado por nadie) y con una dinámica que se aleja de las cuerdas demandas de cambio político, de transparencia, de libre acceso a la información de gobiernos y de las administraciones públicas, de eliminación de la corrupción, del fin de la partitocracia…
Parece asustado que la práctica del asambleísmo madure y se imponga a la buena práctica de partido, del partido honesto, del partido buen gestionador de los intereses comunes (“el consenso de mínimos”), se imponga a una democracia “mas sana”, “mejor adaptada”, “diferente”…
Parece asustado que se rompa la baraja.
En un periodo histórico tan convulso e inmersos en una crisis económica que nadie sabe a ciencia cierta como puede superarse todo indicaría que el paso adelante que nos propone Enrique Dans está dentro de la sensatez y la cordura. Probablemente está dentro de un consenso de mínimos que sería apoyado por una gran mayoría de ciudadanos.
Pero para este abuelo jubilado, catedrático en nada, esta postura no deja de ser un llanto en el desierto alejada de toda realidad.
La organización partidista envejeció con el sistema político que la hizo necesaria para mantener el orden social, para representar los distintos intereses de clases, para dar cauce legal a la lucha por el poder de las distintas fracciones de las clases dirigentes, para enmascar la dictadura de la sociedad de la mercancía y del dinero bajo el manto de la democracia parlamentarista. La organización partidista envejeció hasta convertirse en una la guarida de vividores y parásitos, de auténticas mafias chantajistas que se autoalimentan por cooptación y que siguen autodefiniéndose en salvadoras de la ciudadanía, de la patria o de la Humanidad. De variopinta ideología, de izquierda o de derecha, liberales, socialdemócratas, socialistas, comunistas, radicales, verdes,…solo les cabe ofrecerse al poder para mejor gestionar sus intereses. Son solo gestionadores de la miseria que esta sociedad nos ofrece.
Finiquitada la lucha entre clases, el campo de batalla se presenta con suma nitidez: la inmensa ciudadanía que quiere seguir viviendo en paz y libertad, que quiere solucionar sus necesidades más inmediatas, que quiere seguir caminando por el camino del progreso y el bienestar y el mundo del dinero que cueste lo que cueste está dispuesto a mantener un orden social moribundo.
A esta inmensa ciudadanía ya no le interesa la vieja organización partidista, ni la caduca democracia parlamentarista. Necesita la organización de todos, para decidir entre todos, para gestionar entre todos.
Las formas asamblearias son los balbuceos incipientes de las nuevas formas de organización social del futuro. Ud sabe que tenemos nuevas herramientas mucho más rápidas y eficaces para hacer posible este discutir y este gestionar entre todos.
No tema por la rotura de la baraja. La baraja más tarde o más temprano se romperá. Es el devenir de todos los sistemas sociales cuando entran en caducidad.
El mundo del dinero sabe muy bien que ya no puede alimentar a sus esclavos, que no puede dar más trabajo asalariado, que la implementación de nuevos avances tecnológicos no hará más que aumentar la masa de desempleados, que la ingeniería financiera solo traerá nuevas burbujas, que el endeudamiento es insostenible, que los mercados globales “que pueden pagar” son cada día más limitados,…que no hay salida inmediata a la crisis. Solo pueden posponerla (mientras esperan un milagro, sin saber a que santo rezar) a costa de limitar libertades, de detener el avance científico, de cargar sobre las espaldas de los ciudadanos recortes e impuestos, de deteriorar día a día el estado del bienestar. Es un problema global y es la respuesta global del poder financiero mundial.
Frente a éste endurecimiento del sistema no cabe temer la ruptura de la baraja. Cabe prepararnos para una larga batalla sin esconder la realidad, sin temer al futuro, sin desconfiar en la sensatez y las ganas de superar la adversidad de la inmensa mayoría de los seres humanos. El espíritu de tribu prevalecerá sin duda sobre el del individuo desesperanzado, temeroso y sumiso.
El movimiento es muy amplio, pero la juventud es la vanguardia de este movimiento. Deberíamos hablar claro y alto a los jóvenes. Deberíamos desanimarles del activismo político, de la lucha en las calles, de los eslóganes políticos…
La batalla está en la defensa de la dignidad en el trabajo si lo tienen, en alejarse del lloriqueo ante el papaEstado. La batalla está en el estudio, en la creatividad, en el desarrollo de cualquier manifestación artística, en el espíritu crítico positivo, en la defensa de la Ciencia como herramienta de transformación social, en la práctica del comunitarismo, el apoyo mútuo, la solidaridad, en la organización de lo común fuera de las leyes del mercado, en la difusión y generalización del saber y del conocimiento, en la autoorganización vecinal, en la gestión comunitaria de todos los aspectos de la vida, en la defensa de la unificación de la humanidad contra las fronteras físicas e ideológicas…
Intentar encauzar sus sueños en un nuevo juego político “más democrático” sería traicionar su futuro.
No se puede predecir el alcance y el futuro de nuestra primavera. Pero está aqui con fuerza arrolladora. Tiemblan los políticos, los poderes financieros, el gobierno del PSOE, el PP, las izquierdas y los nacionalistas. Nos alegramos los ciudadanos anónimos que hemos necesitado y ansiado primaveras como ésta... desde hace muchos años.
No se puede predecir la andadura de este movimiento, pero la caja de pandora se ha abierto definitivamente. Al filo de “no nos representan” está “no necesitamos que nadie nos represente”, está “no necesitamos que nadie gestione nuestras vidas”, está “no queremos que las leyes del mercado decidan nuestra existencia”, está “no queremos seguir siendo mercancía en manos de políticos y banqueros”. Quienes no quieran entender el alcance de la gran mayoría de los deseos de los ciudadanos ha envejecido...
Envejecieron los poderes del estado, los gestores del mundo de la mercancía y de las finanzas, los partidos políticos, los manipuladores, los represores, las mafias sindicales... Envejeció el viejo mundo moribundo de la mercancía y del dinero.
Algo nuevo está germinando. La batalla entre el “procomún” y el “proprivado” va madurando en todas las esquinas de las plazas y calles ocupadas. Nadie podrá prohibir ni evitar que más tarde o más temprano salga a la palestra. Porque las herramientas que tenemos, las enormes herramientas de comunicacón, de información, de cultura, de rebeldía... ya están en manos del “procomún” y son dificilmente controlables por el “proprivado”. Como tampoco lo es el conocimiento científico que es un bien social que se germina, se difunde y se generaliza al margen y en contra de la sociedad parasitaria.
Nuestra primavera no es política. Es un estallido en favor de la vida y de la libertad. La política envejeció de la mano de la sociedad de los especuladores y de los corruptos. Lo expresó muy bien Engels en su discurso ante la tumba de Marx: “...Así como Darwin descubrió la ley del desarrollo de la naturaleza orgánica, Marx descubrió la ley del desarrollo de la historia humana: el hecho, tan sencillo, pero oculto bajo la maleza ideológica, de que el hombre necesita, en primer lugar, comer, beber, tener un techo y vestirse antes de poder hacer política, ciencia, arte, religión, etc.; que, por tanto, la producción de los medios de vida inmediatos, materiales, y por consiguiente, la correspondiente fase económica de desarrollo de un pueblo o una época es la base a partir de la cual se han desarrollado las instituciones políticas, las concepciones jurídicas, las ideas artísticas e incluso las ideas religiosas de los hombres y con arreglo a la cual deben, por tanto, explicarse, y no al revés, como hasta entonces se había venido haciendo…”
La actividad política nunca cambió nada. Ni tampoco las revoluciones políticas. Los cambios sociales se producen cada día y son fruto del trabajo constructor de la sociedad que trabaja, estudia, investiga, crea, e innova. La sociedad que implementa nuevas herramientas, nuevas maneras de trabajar, nuevos materiales. La que aprende a producir mejor, más fácilmente, y con menos esfuerzo. La sociedad que necesita libertad y medios para crear y producir bienestar y felicidad. La sociedad que necesita colaboración, apoyo y solidaridad entre la ciudadanía.
Es por esto que me gusta esta primavera.
Manual para derrotar la censura en la red
El colectivo Hacktivistas ha publicado un "Manual de desobediencia a la Ley Sinde" [PDF 1.4MB]. El motivo es la reciente aprobación en España de un procedimiento administrativo, con escasas garantías judiciales, para cerrar páginas web. La nefasta "Ley Sinde", en la práctica le entrega poder al Ministerio de Cultura para ordenar a los proveedores de internet españoles que eviten que los usuarios de internet españoles puedan acceder a una cierta página web.
El manual de desobediencia va mucho más allá que esta situación puntual. Comienza listando cuáles son los posibles mecanismos tecnológicos para establecer esta censura, y luego explica cómo derrotar cada uno de estos mecanismos. No es un manual de instrucciones para ver MacGruber sin pagar. Es esencialmente una forma de devolverle a los usuarios de internet el poder de ver la página que quieran en el momento que quieran.
Contenidos
Los contenidos del manual son los siguientes:
¿Por qué y cómo debes cambiarte un DNS?: un servidor DNS convierte un nombre de dominio, por ejemplo "manzanamecanica.org" en una dirección IP, por ejemplo "64.13.232.198". Los proveedores de acceso a Internet tienen sus propios servidores de DNS que pueden ser maliciosamente re-configurados para no resolver o resolver mal una dirección. Utilizando un servidor DNS alternativo uno puede fácilmente recuperar acceso a una página.
¿Por qué y cómo configurar un proxy?: en el caso probable en que la censura vaya más allá, el proveedor de acceso a Internet simplemente filtrará el tráfico de manera que no puede llegar nada desde una cierta dirección IP. En este caso, se puede usar un proxy, un computador intermediario ubicado fuera del país que censura (en este caso España) y por lo tanto no afecto a las mismas restricciones.
¿Por qué usar Tor y cómo configurarlo?: un servidor proxy también es un punto vulnerable, por lo cual existe Tor, que es una red distribuida (P2P) de proxies de la cual cualquier computador puede ser parte. Tor no solamente provee de anonimidad al navegante, sino también al que cuelga el contenido.
¿Cómo contratar servicios VPN?: finalmente, hay varios servicios que proveen redes privadas virtuales, una solución completa donde todo tu tráfico Internet es encriptado y re-enviado a través de un conjunto de servidores. En este caso hay que pagar una cantidad que actualmente está entre €5 y €15 al mes.
En cada caso, hay explicaciones paso-a-paso para Windows, MacOS y Ubuntu Linux.
Descarga
Existen leyes injustas. ¿Nos contentaremos con obedecerlas? ¿Nos esforzaremos
en enmendarlas, obedeciéndolas mientras tanto? ¿O las transgredimos de una vez?
Si la injusticia requiere de tu colaboración, rompe la ley. Sé una contrafricción para
detener la máquina. (H. D. Thoreau, La desobediencia civil, 1866)
Adicionalmente, desde comienzos del 2011 que está disponible la versión actualizada de un manual más extenso (240 páginas): How to Bypass Internet Censorship, disponible en PDF, eBook y HTML.
Ver también:
Tor: la última defensa de la blogósfera
Pornografía infantil: la excusa perfecta
Día mundial contra la ciber-censura: mapa de países enemigos de Internet
Declaración de Independencia del Ciberespacio cumple 15 años
Escribió Carlos Castillo (16/05/2011) en Manzana Mecanica
Descarga Manual: http://www.manzanamecanica.org/files/manual_desobediencia.pdf
Sigo con atención las reflexiones de numerosos analistas que de una u otra manera parecen estar en la vanguardia desencadenante de “democraciarealya” “nolesvotes”: David Bravo, Enrique Dans, Javier Cuchi, Ricardo Galli, etc.
En general dos recientes escritos de Enrique Dans y de Javier Cuchí expresan muy bien los objetivos más inmediatos que deberían fructificar tras este aluvión de rebeldía ciudadana en numerosas plazas del Reino de España según su visión política.
http://www.elincordio.com/2011/05/21/accion-no-revolucion/
http://www.enriquedans.com/2011/05/el-movimiento-15m-y-la-respuesta-de-la-politica-tradicional.html
Probablemente estén cargados de razón y éste “horizonte de la realidad con los pies en el suelo” merecería el agradecimiento de los ciudadanos de pie ante una situación tan esperanzadora como confusa. Pero quisiera responder a sus opiniones.
Desde hace mucho tiempo vengo defendiendo desde mi blog que la política y la acción política no son un instrumento de cambio social. La Ciencia es y ha sido siempre nuestra única herramienta. Los avances científicos y tecnológicos que la Humanidad ha creado y generalizado en todos los periodos históricos son los que han hecho cambiar y evolucionar a las sociedades. Estos cambios reales en la manera de trabajar, de vivir, de intercambiar… son las que han puesto en crisis a las sociedades caducas, a las maneras de concebir el mundo, a las viejas políticas, a las ideologías, y hasta a los pensamientos religiosos. Las crisis sociales y políticas son la consecuencia de esta andadura imparable del conocimiento humano y de su rebeldía para implementarlo a favor de la vida y el bienestar. En esta Revolución estamos. Y esta revolución debe construirse contra un sistema caduco que alcanzó sus límites. Que ya no es capaz de alimentar a sus esclavos. Que ya no es capaz (aunque lo deseen los poderes que parasitan sobre la sociedad que trabaja, que construye, que crea nuevas herramientas cada día más eficaces, más “socializables”…) de asegurar ninguna esperanza del futuro.
Esta sociedad caduca es la sociedad de la mercancía y del dinero, la sociedad del trabajo asalariado.
Su cordura, si olvida esto, se convertirá también en una nueva estafa.
Los cambios políticos que producirá, seguramente, esta avalancha de rebeldía, los que uds defienden, serán sumamente favorables para la democracia y la libertad. Será una gran victoria ciudadana. Sin esta mafia de ladrones, de sinvergüenzas, de parásitos…sin duda “tendremos tiempo para hacer las cosas mejor”. Pero es preciso decir que la crisis social que vivimos va mucho más allá de los cuatro chorizos que deciden sobre nuestras vidas, que va más allá de los malos gestores y de los nefastos gobiernos, de especuladores y de banqueros hijos de puta. Antes de que se acerque la bancarrota del sistema (la historia demuestra que los sistemas sociales anteriores quebraron en su caducidad) son precisas voces que adviertan a los ciudadanos que hemos de aprender a gestionar nuestras vidas, nuestros problemas, nuestro futuro en común, de manera solidaria y armoniosa con el resto de un mundo global y unificado.
Su cordura no lo puede olvidar .
Elogio de Karl Marx
El pasado 5 de mayo se cumplieron 193 años del nacimiento en Tréveris del gran barbudo, el intelectual más influyente y más citado del mundo contemporáneo. Asombrosamente, no sólo ha enterrado a cinco generaciones de críticos, pseudocríticos y conspiradores del silencio, sino que ha logrado sobrevivir también al heteróclito y nutridísimo club al que, como su socarrón homónimo, siempre se negó a pertenecer: el de los “marxistas”. Engels recordó con amargura poco antes de morir que Marx tuvo, como Heine, la desgracia de “sembrar dragones, y a trueque, cosechar demasiadas pulgas”. El amigo Anaclet Pons nos envía esta traducción suya del ingenioso artículo del crítico literario británico Terry Eagleton recientemente publicado en The Chronicle Of Higher Education.Con agradecimientos muy especiales a su traductor, lo reproducimos a continuación en SINPERMISO.
Alabar a Karl Marx puede parecer tan perverso como dedicarle una palabra amable al estrangulador de Boston. ¿No eran las ideas de Marx responsables de despotismo, asesinato en masa, campos de trabajo, catástrofe económica y pérdida de libertad para millones de hombres y mujeres? ¿No fue uno de sus devotos discípulos un campesino georgiano paranoide de nombre Stalin, y no hubo otro que fue un brutal dictador chino que bien puede haber teñido sus manos con la sangre de unos 30 millones de personas?
La verdad es que Marx no fue más responsable de la opresión monstruosa del mundo comunista de lo que lo fue Jesús de la Inquisición. Por un lado, Marx habría despreciado la idea de que el socialismo pudiera echar raíces en sociedades atrasadas, de una pobreza desesperada y crónica, como Rusia y China. Si así fuera, entonces el resultado sería simplemente lo que él llamó “la escasez generalizada”, lo que quiere decir que todo el mundo estaría privado, no sólo los pobres. Esto significaría volver a “toda la porquería anterior” -o, con una traducción menos fina, a “la mierda de siempre”. El marxismo es una teoría de cómo las adineradas naciones capitalistas podrían utilizar sus inmensos recursos para lograr la justicia y la prosperidad para sus pueblos. No es un programa por el cual naciones carentes de recursos materiales, de una cultura cívica floreciente, de un patrimonio democrático, de una tecnología bien desarrollada, de tradiciones liberales ilustradas y de una mano de obra educada y cualificada puedan catapultarse a sí mismas a la era moderna.
(…) de otra parte, este desarrollo de las fuerzas productivas (que entraña ya, al misma tiempo, una existencia empírica dada en un plano histórico-universal, y no en la existencia puramente local de los hombres) constituye también una premisa práctica absolutamente necesaria, porque sin ella sólo se generalizaría la escasez y, por tanto, con la pobreza, comenzaría de nuevo, a la par, la lucha por lo indispensable y se recaería necesariamente en toda la porquería anterior.— Karl Marx, La ideología alemana.
Marx sin duda quería ver prosperar la justicia y la prosperidad en tales lugares. Escribió con rabia y con elocuencia acerca de varias de las oprimidas colonias de Gran Bretaña, y no menos de Irlanda y de la India. Y el movimiento político que su trabajo puso en marcha ha hecho más para ayudar a las naciones pequeñas a deshacerse de sus amos imperialistas que cualquier otra corriente política. Sin embargo, Marx no era tan incauto como para imaginar que el socialismo se pudiera construir en esos países sin que las naciones más avanzadas les prestaran su ayuda. Y eso significaba que la gente común de los países avanzados tenían que arrancar los medios de producción de manos de sus gobernantes y ponerlos al servicio de los condenados de la tierra. Si esto hubiera sucedido en la Irlanda del siglo XIX, no habría habido el hambre que envió a un millón de hombres y mujeres a la tumba y a otros dos o tres millones hasta los confines de la tierra.
Hay un sentido en el que el conjunto de los escritos de Marx se pueden resumir en varias preguntas embarazosas: ¿Por qué el Occidente capitalista ha acumulado más recursos de los que jamás hemos visto en la historia humana y, sin embargo, parece incapaz de superar la pobreza, el hambre, la explotación y la desigualdad? ¿Cuáles son los mecanismos por los cuales la riqueza de una minoría parece engendrar miseria e indignidad para la mayoría? ¿Por qué la riqueza privada parecen ir de la mano con la miseria pública? ¿Es, como sugieren los reformistas liberales de buen corazón, que no hemos conseguido eliminar estas bolsas de miseria humana, pero que lo haremos con el paso del tiempo? ¿O es más plausible sostener que hay algo en la naturaleza del capitalismo que genera privación y desigualdad, tan cierto como que Charlie Sheen genera chismes?
Marx fue el primer pensador en hablar en esos términos. Este desarrapado exiliado judío, un hombre que una vez comentó que nadie había escrito tanto sobre el dinero y tenía tan poco, nos legó el lenguaje con el que el sistema en que vivimos puede ser entendido como un todo. Sus contradicciones fueron analizadas, su dinámica interior dejada al descubierto, sus orígenes históricos examinados y su potencial caída anunciada. Esto no quiere decir que Marx considerara al capitalismo simplemente como una Mala Cosa, como admirar a Sarah Palin o echar el humo del tabaco a la cara de los niños. Por el contrario, era extravagante en su alabanza de la clase que lo creó, un hecho que tanto sus críticos como sus discípulos han disimulado convenientemente. No hay sistema social en la historia, escribió, que haya demostrado ser tan revolucionario. En un puñado de siglos, las burguesías (middle classes) capitalistas habían borrado de la faz de la tierra casi todo el rastro de sus enemigos feudales. Habían acumulado tesoros materiales y culturales, inventado los derechos humanos, emancipado a los esclavos, derrocado a los autócratas, desmantelado los imperios, lucharon y murieron por la libertad humana, y sentaron las bases de una civilización verdaderamente global. Ningún documento prodiga elogios tales como ese histórico y poderoso logro que es El Manifiesto Comunista , ni siquiera el Wall Street Journal. [1]
Eso, sin embargo, fue sólo una parte de la historia. Hay quienes ven la historia moderna como un relato apasionante de progreso, y quienes lo ven como una larga pesadilla. Marx, con su perversidad habitual, pensó que era ambas cosas. Cada avance de la civilización ha traído consigo nuevas posibilidades de barbarie. Los lemas de la gran revolución burguesa (middle-class), “Libertad, Igualdad, Fraternidad”, fueron también sus consignas. Él simplemente se preguntó por qué esas ideas no podrían ponerse en práctica sin violencia, pobreza y explotación. El capitalismo había desarrollado energías y capacidades humanas más allá de toda medida anterior. Sin embargo, no había utilizado esas capacidades para hacer que los hombres y mujeres se liberaran de la fatiga inútil. Por el contrario, se los había forzado a trabajar más duro que nunca. En las civilizaciones más ricas de la tierra se padecía tanto como en sus antepasadas ??del Neolítico.
Esto, consideraba Marx, no era debido a la escasez natural. Se debía a la forma peculiarmente contradictoria en la que el sistema capitalista genera sus fabulosas riquezas. Igualdad para algunos significa desigualdad de los demás, y libertad para algunos supone opresión e infelicidad para muchos. La voracidad del sistema a la búsqueda de poder y beneficio había convertido las naciones extranjeras en colonias esclavizadas, y a los seres humanos en juguetes de las fuerzas económicas más allá de su control. Había asolado el planeta con la contaminación y la hambruna masiva, y cicatrizado con guerras atroces. Algunos críticos de de Marx señalan con razón la atrocidad de los asesinatos en masa en la Rusia y la China comunistas. No suelen recordar con idéntica indignación los crímenes genocidas del capitalismo: las hambrunas de finales del siglo XIX en Asia y África en los que murieron muchos millones de personas; la carnicería de la Primera Guerra Mundial, en la que las naciones imperialistas masacraron a sus propios trabajadores en la lucha por los recursos mundiales; y los horrores del fascismo, un régimen al que el capitalismo tiende a recurrir cuando su espalda está contra la pared. Sin el sacrificio de la Unión Soviética, entre otras naciones, el régimen nazi aún podría estar incólume.
Los marxistas alertaron de los peligros del fascismo mientras los políticos del llamado mundo libre seguían preguntándose en voz alta si Hitler era un tipo tan desagradable como lo pintaban. Casi todos los seguidores actuales de Marx rechazan las villanías de Stalin y de Mao, mientras que muchos no-marxistas seguirían defendiendo enérgicamente la destrucción de Dresde o Hiroshima. Las modernas naciones capitalistas son en su mayor parte fruto de una historia de genocidio, violencia y exterminio igual de detestables que los crímenes del comunismo. El capitalismo también fue forjado con sangre y lágrimas, y Marx estuvo allí para presenciarlo. Es sólo que el sistema ha estado funcionando el tiempo suficiente para que la mayoría de nosotros olvidemos ese hecho.
La selectividad de la memoria política tiene algunas curiosas formas. Tomemos, por ejemplo, el 11/S. Me refiero al primer 11/S, no al segundo. Me refiero al 11/S que tuvo lugar exactamente 30 años antes de la caída del World Trade Center, cuando los Estados Unidos ayudaron a derrocar al gobierno democráticamente elegido de Salvador Allende en Chile, instalando en su lugar a un dictador odioso que asesinó muchas más personas de las que murieron en ese terrible día en Nueva York y Washington. ¿Cuántos estadounidenses son conscientes de ello? ¿Cuántas veces ha sido mencionado en Fox News? [2]
Marx no era un soñador utópico. Por el contrario, comenzó su carrera política peleando ferozmente con los utópicos soñadores que le rodeaban. Tenía tanto interés en una sociedad humana perfecta como lo pueda tener un personaje de Clint Eastwood, y nunca habló de forma tan absurda. No creía que hombres y mujeres pudieran superar al Arcángel Gabriel en santidad. Por el contrario, creía factible que el mundo pudiera convertirse en un lugar considerablemente mejor. En eso fue un realista, no un idealista. Quienes de verdad esconden la cabeza -la moral de avestruz de este mundo- son aquellos que niegan que no puede haber ningún cambio radical. Se comportan como si Padre de familia y la pasta dentífrica multicolor fuera a seguir existiendo en el año 4000. Toda la historia de la humanidad refuta este punto de vista.
El cambio radical, sin duda, puede no ser para mejor. Tal vez el único socialismo que veamos sea uno impuesto a un puñado de seres humanos que puedan escabullirse de algún holocausto nuclear o de un desastre ecológico. Marx habla incluso agriamente de la posible “mutua ruina de todos los partidos”. Un hombre que fue testigo de los horrores de la Inglaterra industrial-capitalista era poco probable que albergara presunciones idealistas acerca de sus congéneres. Todo lo que quería decir es que hay recursos más que suficientes en el planeta para resolver la mayoría de nuestros problemas materiales, así como que había comida más que suficiente en Gran Bretaña en la década de 1840 para alimentar a la hambrienta población irlandesa varias veces.
Es la manera en que organizamos la producción lo que es crucial. Notoriamente, Marx no nos proporcionó un plan sobre cómo hacer las cosas de forma diferente. Es bien sabido que tiene poco que decir sobre el futuro. La única imagen del futuro es el fracaso del presente. No es un profeta en el sentido de mirar en una bola de cristal. Es un profeta en el sentido bíblico de alguien que nos advierte de que, a menos que cambiemos nuestras injustas maneras, es probable que el futuro sea muy desagradable. O que no haya futuro en absoluto.
El socialismo, pues, no depende de un cambio milagroso en la naturaleza humana. Algunos de los que defendieron el feudalismo contra los valores capitalistas en la Baja Edad Media predicaban que el capitalismo nunca funcionaría, ya que era contrario a la naturaleza humana. Algunos capitalistas ahora dicen lo mismo sobre el socialismo. Sin duda hay una tribu en algún lugar de la cuenca del Amazonas que cree que no puede sobrevivir un orden social donde un hombre puede casarse con la mujer de su hermano fallecido. Todos tendemos a absolutizar nuestras propias condiciones. El socialismo no ahuyentaría la rivalidad, la envidia, la agresión, la posesividad, la dominación y la competencia. El mundo todavía mantendría su ración de matones, tramposos, vividores, oportunistas y psicópatas ocasionales. Es sólo que la rivalidad, la agresión y la competencia ya no adquirirían la forma de ciertos banqueros quejándose de que sus bonos se han reducido a un unos miserables 5 millones de dólares, mientras que millones de personas en todo el mundo luchan por sobrevivir con menos de 2 dólares al día.
Marx fue un pensador profundamente moral. Habla en El Manifiesto Comunista de un mundo en el que “el libre desarrollo de cada uno condicione el libre desarrollo de todos”. Este es un ideal para guiarnos, no una condición que podamos alcanzar nunca del todo. Pero su lenguaje es sin embargo significativo. Como buen humanista romántico, Marx creía en la singularidad del individuo. La idea impregna sus escritos de principio a fin. Tenía pasión por lo sensualmente específico y aversión a las ideas abstractas, a pesar de lo ocasionalmente necesarias que pensaba que podrían ser. Su llamado materialismo está en la raíz del cuerpo humano. Una y otra vez, habla de la sociedad justa como aquella en la que hombres y mujeres sean capaces de realizar sus poderes y capacidades distintivos en sus propias formas distintivas. Su objetivo moral es la autorrealización placentera. En esto se une a su gran mentor Aristóteles, que entiende que la moralidad trata de cómo florecer más rica y agradablemente, y no ante todo (como la edad moderna desastrosamente imagina) sobre las leyes, derechos, obligaciones y responsabilidades.
¿Cómo este objetivo moral difiere del individualismo liberal? La diferencia es que, para lograr la verdadera realización personal, Marx cree que los seres humanos deben encontrarla en los otros, los unos a través de los otros. No es sólo una cuestión de que cada uno haga sus propias cosas aislado de los demás. Lo que ni siquiera sería posible. El otro debe ser el terreno de nuestra propia realización, al mismo tiempo que él o ella nos proporcionan nuestra misma condición. A nivel interpersonal, es lo que se conoce como amor. En el plano político, se lo conoce como socialismo. El socialismo para Marx sería simplemente cualquier conjunto de instituciones que permitieran que esta reciprocidad ocurriera en la mayor medida posible. Piénsese en la diferencia entre una empresa capitalista, en la que la mayoría trabaja para el beneficio de unos pocos, y una cooperativa socialista, en la que mi propia participación en el proyecto aumenta el bienestar de todos los demás, y viceversa. No se trata de que haya un santo auto sacrificio. El proceso está integrado en la estructura de la institución.
El objetivo de Marx es el ocio, no el trabajo. La mejor razón para ser un socialista, excepto para los pesados a los que sucede que no les gusta, es que detestas tener que trabajar. Marx pensaba que el capitalismo había desarrollado las fuerzas productivas hasta el punto de que, bajo relaciones sociales diferentes, podrían ser utilizadas para emancipar a la mayoría de hombres y mujeres de las formas más degradantes de trabajo. ¿Qué pensaba que íbamos a hacer entonces? Lo que quisiéramos. Si, como el gran socialista irlandés Oscar Wilde, optamos simplemente por estar todo el día echados, con vaporosas prendas carmesí, bebiendo absenta y leyéndonos las páginas impares de Homero uno a otro, entonces que así sea. La cuestión, sin embargo, era que este tipo de actividad libre tenía que estar disponible para todos. Nosotros ya no toleraríamos una situación en la que la minoría tuviera tiempo de ocio porque la mayoría tuviera que trabajar.
Lo que interesaba a Marx, en otras palabras, era lo que un poco engañosamente se podría llamar lo espiritual, no lo material. Si las condiciones materiales tuvieran que ser cambiadas, que lo fueran para liberarnos de la tiranía de lo económico. Él mismo era asombrosamente muy leído en literatura mundial, le encantaba el arte, la cultura y la conversación civilizada, se deleitaba con el ingenio, las comicidad y el buen humor, y una vez fue perseguido por un policía por romper una farola en el transcurso de una juerga. Era, por supuesto, ateo, pero no hay que ser religioso para ser espiritual. Fue uno de los muchos y grandes herejes judíos, y su obra está saturada de los grandes temas del judaísmo, como la justicia, la emancipación, el Día del Juicio, el reinado de paz y abundancia, la redención de los pobres.
¿Qué hay, pues, del pavoroso Día del Juicio final? ¿No preveía Marx que la humanidad requeriría una revolución sangrienta? No necesariamente. Pensaba que algunos países, como Gran Bretaña, Holanda y los Estados Unidos, podrían alcanzar el socialismo en paz. Si bien era un revolucionario, era también un vigoroso campeón de la reforma. En cualquier caso, cuando las personas dicen que se oponen a la revolución por lo general eso significa que les disgustan ciertas revoluciones, y otras no. ¿Son los estadounidenses antirrevolucionarios hostiles a la Revolución Americana como lo son a la cubana? ¿Se frotan las manos con las insurrecciones recientes de Egipto y Libia, o con las que derribaron las potencias coloniales en Asia y África? Nosotros mismos somos productos de levantamientos revolucionarios ocurridos en el pasado. Algunos procesos de reforma han sido mucho más sangrientos que algunos actos revolucionarios. Hay tantas revoluciones de terciopelo como violentas. La Revolución Bolchevique se llevó a cabo con escasas pérdidas humanas. La Unión Soviética que engendró cayó unos 70 años más tarde, sin apenas derramamiento de sangre.
Algunos críticos de Marx rechazan una sociedad dominada por el Estado. Y así lo pensaba él. Detestaba la política de Estado tanto como le disgusta al Tea Party, aunque por razones bastante menos chuscas. ¿Fue, podrían preguntar las feministas, un patriarca victoriano? Por supuesto. Pero como algunos comentaristas (no marxistas) modernos han señalado, fueron los hombres del mundo socialista y comunista, hasta el resurgimiento del movimiento de las mujeres en la década de 1960, los que consideraron que la cuestión de la igualdad de la mujer era vital para otras formas de liberación política. La palabra “proletariado” se refiere a los que en la sociedad antigua eran demasiado pobres para servir al Estado con otra cosa que no fuera el fruto de su vientre. “Proletarios” significa “descendientes”. Hoy en día, en los talleres y en las pequeñas granjas del tercer mundo, el típico proletario sigue siendo una mujer.
Lo mismo ocurre con las cuestiones étnicas. En las década de 1920 y 1930, prácticamente los únicos hombres y mujeres que predicaban la igualdad racial eran comunistas. La mayoría de los movimientos anticoloniales fueron inspirados por el marxismo. El pensador anti socialista Ludwig von Mises describe el socialismo como “el movimiento de reforma más potente que la historia haya conocido jamás, la primera tendencia ideológica no limitada a una parte de la humanidad, sino respaldada por gente de todas las razas, naciones, religiones y civilizaciones”. Marx, que conocía su historia un poco mejor, podría haberle recordado a von Mises el cristianismo, pero la cuestión sigue siendo contundente. En cuanto al medio ambiente, Marx prefigura asombrosamente nuestra propia política verde. La naturaleza, y la necesidad de considerarla como aliada en lugar de antagonista, era una de sus preocupaciones constantes.
¿Por qué podría Marx volver a estar en nuestras preocupaciones? Irónicamente, la respuesta es: por el capitalismo. Cada vez que uno oye hablar a los capitalistas sobre el capitalismo, uno sabe que el sistema tiene problemas. Por lo general, prefieren un término más anodino, como el de “libre empresa”. Las crisis financieras recientes nos han obligado una vez más a pensar la organización en la que vivimos como un todo, y fue Marx quien primero lo hizo posible. Fue El Manifiesto Comunista el que predijo que el capitalismo se convertiría en mundial, y que sus desigualdades se agudizarían gravemente. ¿Tiene su trabajo algún defecto? Cientos. Pero es un pensador demasiado creativo y original para ser reducido a los vulgares estereotipos de sus enemigos.
Terry Eagleton (08/05/11)
NOTAS T.:
[1] The Wall Street Journal, el diario ultra liberal editado en el corazón del complejo financiero del Imperio, defensor a ultranza de las políticas monetaristas y especulativas responsables de la crisis mundial.
[2] Fox News, cadena televisiva en USA, propiedad del grupo Murdoch, conocida por su conservadurismo extremista y guerrerista, representante de los sectores radicalizados del Partido Republicano, como el Tea Party.
Terry Eagleton, internacionalmente reconocido crítico cultural en la tradición marxista británica de Raymond Williams, es profesor de literatura en la Universidad de Manchester. Se ha publicado recientemente en castellano (editorial Debate) su interesante libro de memorias: El portero. Anaclet Ponses un historiador catalán. Mantiene un interesante blog (Clionauta: Blog de Historia), en donde apareció por vez primera esta traducción.
Traducción para www.sinpermiso.info: Anaclet Pons
Fuente: http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=4145
Manifiesto de los acampados en Sol
DEMOCRACIA REAL ¡YA!
Nadie os obligó a ser políticos. Ninguno de nosotros os pidió que sirvierais al país. Fue vuestra decisión, libre y soberana, así que no vamos a bajar el listón de nuestra exigencia, al contrario, vamos a incrementarlo como nunca antes lo habíamos hecho y vamos a convertir nuestra determinación en el motor de una revolución pacífica que no podréis ni soñar en detener.
Nosotros sustentamos la nación con nuestro trabajo y sostenemos al estado con nuestros impuestos. Nosotros parimos los hijos, los educamos para que continúen manteniendo la nación cuando les llegue el turno y los alojamos en nuestras casas más tiempo del necesario para su vuelo. Y vosotros no habéis hecho vuestra parte del trabajo.
Ahora no tenemos pan para alimentar a muchos de los nuestros. Ahora una generación entera mejor preparada que ninguna otra antes está agonizando sin futuro. Por vuestra culpa.
Ahora lo sabemos: con vuestra hambre de prebendas y vuestra medrosa intemperancia habéis vendido nuestro país y nos habéis vendido a nosotros. Lo peor es que también queréis que paguemos la factura de vuestras pavorosas componendas.
Nosotros cuidamos de los ancianos, mantenemos el ritmo económico del país y hacemos que el progreso sea una realidad para todos inventando internet, descubriendo los principios activos de los medicamentos, aportando ayuda para paliar cualquier desgracia colectiva, viajando a lugares remotos para llevar consuelo o conocimientos, creando los puestos de trabajo y limpiando el chapapote mental con que vuestra negligencia nos roba vidas, haciendas y esperanzas.
Somos nosotros los que morimos por vuestras decisiones, demasiadas veces equivocadas: y es que nosotros ponemos los muertos en los accidentes, en los atentados, en las guerras y en las catástrofes. Vosotros solo nos miráis desde arriba, insaciables, pidiendo más y más y más.
Ahora, cuando las cosas van mal, así sea individual o colectivamente, seguimos siendo nosotros los que apechugamos para salir del hoyo que vosotros cavasteis. Y de paso os sacamos también a vosotros, ingratos, que encima sonreís y os ponéis la medallita que solo es de la masa, de la gente, de la muchedumbre. De la ciudadanía. Nuestra. Y ya hemos llegado al final de nuestro aguante.
Hasta hoy os hemos pedido poco, muy poco. Solamente que no metierais mano en la caja, que no anduvieseis a la gresca por una silla apenas unos centímetros más alta que la otra, que conocierais y respetarais la Constitución, que entendierais nuestras necesidades como sociedad, que fuerais demócratas en el más estricto sentido de la palabra y que protegierais a los más frágiles de entre nosotros. Los servidores públicos sois vosotros y estáis a nuestra disposición, pero lo olvidasteis hace décadas y vendisteis muy barato nuestras vidas, nuestras haciendas, nuestras esperanzas.
Os pedimos muchas veces que nos respetarais como a iguales, que dejarais de perder el tiempo en nimias controversias sobre el tamaño de vuestros egos, enormes por demás. Os gritamos que fuerais más constructivos, capaces y tolerantes, que no dierais tan mal ejemplo a todos los que os hemos estado mirando, atónitos.
Ha llegado el momento de recordaros algo muy importante: este país es nuestro, no vuestro. Y os lo vamos a hacer saber con cuanta determinación y esfuerzos sean necesarios.
Ha llegado el momento. Vamos a recuperar nuestras vidas, nuestras haciendas y, por encima de todo, nuestras esperanzas y nunca más volveréis a robárnoslas.
Ha llegado el momento. Somos más y cada uno de nosotros vale más que todos vosotros juntos porque a nosotros nos mueve la confianza en el nuevo tiempo al que pertenecemos y no vuestro miedo a perder un tiempo que ya murió.
Ha llegado el momento. Vamos a recuperar la sociedad de una nación a la que queremos más que vosotros, con más sensatez y mejores capacidades. Una sociedad que sabe lo que quiere, cómo lo quiere y cuándo lo quiere; una sociedad segura de sí y que sabe bien lo que no quiere: a vosotros.
Ha llegado el momento de abrir la caja de Pandora: y ahora solo resta que os vayáis y dejéis el campo libre para que podamos hacer las cosas bien, con la participación de todos y con la hermosa bandera de la Democracia Real izada en nuestros pabellones. No lo pongáis difícil empecinados en vuestra arrogancia.
Idos a casa, politiquillos. Idos ahora cuando todavía os cabe el honor de la retirada silenciosa. Después no habrá tiempo y será muy doloroso.
Estáis despedidos. Sin 45 días. Ni paro.
Democracia Real Ya.
"Cuando era un joven precoz, me quedé muy impresionado con la inutilidad de las esperanzas y anhelos que persiguen la mayoría de los hombres inquietos a lo largo de la vida. Además, pronto descubrí la crueldad de esa persecución, que en aquellos años se escondía con mucho más cuidado con la hipocresía y las palabras brillantes que hoy en día. Por la mera existencia de su estómago, todo el mundo ha sido condenado a participar en esa persecución. El estómago bien podría satisfacerse por tal participación, pero no el hombre en la medida en que él es un ser que piensa y que siente.
Como primera salida estaba la religión, que se implanta en cada niño mediante la maquinaria de la educación tradicional. Así llegue a una religiosidad profunda, que, sin embargo, alcanzó un final abrupto a la edad de doce años. Mediante la lectura de libros de divulgación científica, pronto alcancé la convicción de que muchas de las historias de la Biblia no podían ser ciertas.
La consecuencia fue una positiva y fanática orgía de librepensamiento aderezada con la impresión de que la juventud está siendo engañada intencionadamente por el estado mediante mentiras. Esto era una impresión aplastante. De esta experiencia creció una desconfianza de toda clase de autoridad, una actitud escéptica hacia las convicciones que se mantenían vivas en cualquier ambiente social específico. Esta es una actitud que nunca más me ha abandonado, si bien, más tarde, esto haya sido atenuado por una mejor perspicacia de las conexiones causales.
Tengo bastante claro que el paraíso religioso de la juventud, que de este modo desapareció, fue un primer intento de liberarme de las cadenas de lo “simplemente el personal”, de una existencia dominada por deseos, esperanzas, y sentimientos primitivos. Allá afuera estaba este mundo enorme, que existe al margen de nosotros, los seres humanos, y que está de pie ante nosotros como un gran y eterno enigma, por lo menos parcialmente accesible a nuestra inspección y pensamiento.
La contemplación de este mundo fue como una liberación, y pronto noté que muchos hombres a quienes yo había aprendido a estimar y admirar, habían encontrado la libertad interior y la seguridad en su búsqueda. El alcance mental de este mundo extra-personal dentro del marco de nuestras capacidades se presentó a mi mente, mitad conscientemente, mitad inconscientemente, como un objetivo supremo. Hombres motivados de modo similar, del presente y del pasado, así como las ideas que ellos habían logrado, eran los amigos que no podían perderse. El camino a este paraíso no era tan cómodo y atractivo como el camino al paraíso religioso; pero se ha mostrado fidedigno, y nunca he arrepentido de haberlo escogido".
Albert Einstein
Leer más: http://recuerdosdepandora.com/filosofia/como-albert-einstein-se-convirtio-en-un-libreprensador/#ixzz1NvZRpf4W
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¡Qué raros somos los mortales! Cada uno de nosotros está aquí para una breve estancia; con qué objetivo no sabemos, aunque pensamos a veces que podemos sentirlo. Pero sin una reflexión más profunda uno sabe por su vida diaria que existe para otra gente —antes que nada para aquellos cuyas sonrisas y bienestar sustentan totalmente nuestra propia felicidad, y después para los muchos desconocidos a cuyos destinos está ligado por los lazos de la simpatía. Todos los días me recuerdo a mi mismo cientos de veces que mi vida interior y exterior está basada en el trabajo de otros hombres, vivos y muertos, y que me debo dedicar yo mismo a dar en la misma medida que he recibido y sigo recibiendo…
Nunca he visto la comodidad y felicidad como fines en sí mismos —a esta base crítica la llamo el ideal de la pocilga. Los ideales que han iluminado mi camino, y una vez tras otra me han dado valor para enfrentarme a la vida con alegría, han sido Amabilidad, Belleza y Verdad. Sin el sentimiento de parentesco con hombres de mente similar, sin la ocupación con el mundo objetivo, en lo eternamente inalcanzable en el campo de los esfuerzos artísticos y científicos, la vida me hubiese parecido vacía. Los objetivos banales de los esfuerzos humanos —posesiones, éxito exterior, lujo— me han parecido siempre deleznables.
“Mi apasionado sentido de la justicia social y de la responsabilidad social siempre ha contrastado extrañamente con mi ausencia de necesidad de contacto con otros seres y comunidades humanos. Soy verdaderamente un “viajero solitario” y nunca he pertenecido en lo más profundo de mi corazón a mi país, a mi casa, a mis amigos, o incluso a mi familia más próxima; frente a estos lazos, nunca he perdido el sentimiento de distancia y la necesidad de soledad…”
Mi ideal político es la democracia. Respetar cada hombre como un individuo y no idolatrar a ninguno. Es una ironía del destino que yo mismo haya sido receptor de una excesiva admiración y reverencia por parte de mis congéneres, sin haber faltas o méritos por mi parte. La causa de esto puede ser perfectamente el deseo, inalcanzable para muchos, de entender las pocas ideas que con mis débiles poderes he alcanzado después de una lucha incesante. Soy consciente de que para cada organización que alcanza sus objetivos, un hombre tiene que ser quien piense, dirija y generalmente cargue con la responsabilidad. Pero la dirección no debe ser obligada, ellos tienen que poder elegir a sus dirigentes. En mi opinión, un sistema autocrático de coerción pronto degenera; la fuerza atrae a hombres de moralidad pobre… Lo realmente valioso en el desfile de la vida humana no me parece el estado político, sino el individuo sensible, creativo, con personalidad; sólo ellos crean lo noble y lo sublime, mientras el rebaño como tal queda embotado en pensamiento y embotado en sentimiento.
Este tema me lleva al peor afloramiento de la vida del rebaño, el sistema militar, al que yo aborrezco… Esta plaga de la civilización debería ser abolida con la mayor rapidez posible. El heroísmo del mando, violencia sin sentido y todo el repugnante sinsentido que va junto al nombre del patriotismo— ¡qué apasionadamente los odio!
“La experiencia más bella que puedo tener es el misterio. Es la emoción fundamental que se encuentra en la cuna del verdadero arte y la verdadera ciencia. Quien no lo conozca y no se pregunte por ello, no se maraville, está como muerto, y sus ojos están oscurecidos. Fue la experiencia de misterio —aunque mezclada con temor— la que engendró la religión. Un conocimiento de la existencia de algo que no podemos penetrar, nuestras percepciones de la razón más profunda y de la belleza más radiante, que sólo son accesibles a nuestras mentes en sus formas más primitivas: es este conocimiento y esta emoción lo que constituyen la verdadera religiosidad. En este sentido y sólo en este sentido soy un hombre profundamente religioso… Estoy satisfecho con el misterio de la vida eterna y con un conocimiento, un sentimiento, de la maravillosa estructura de la existencia —así como del humilde intento de entender incluso una pequeña porción de la Razón que se manifiesta en la naturaleza”.
Albert Einstein
Fuente: http://recuerdosdepandora.com/filosofia/el-mundo-segun-albert-einstein/
MANIFIESTO “DEMOCRACIA REAL YA”:
Somos personas normales y corrientes. Somos como tú: gente que se levanta por las mañanas para estudiar, para trabajar o para buscar trabajo, gente que tiene familia y amigos. Gente que trabaja duro todos los días para vivir y dar un futuro mejor a los que nos rodean.
Unos nos consideramos más progresistas, otros más conservadores. Unos creyentes, otros no. Unos tenemos ideologías bien definidas, otros nos consideramos apolíticos… Pero todos estamos preocupados e indignados por el panorama político, económico y social que vemos a nuestro alrededor. Por la corrupción de los políticos, empresarios, banqueros… Por la indefensión del ciudadano de a pie.
Esta situación nos hace daño a todos diariamente. Pero si todos nos unimos, podemos cambiarla. Es hora de ponerse en movimiento, hora de construir entre todos una sociedad mejor. Por ello sostenemos firmemente lo siguiente:
- Las prioridades de toda sociedad avanzada han de ser la igualdad, el progreso, la solidaridad, el libre acceso a la cultura, la sostenibilidad ecológica y el desarrollo, el bienestar y la felicidad de las personas.
- Existen unos derechos básicos que deberían estar cubiertos en estas sociedades: derecho a la vivienda, al trabajo, a la cultura, a la salud, a la educación, a la participación política, al libre desarrollo personal, y derecho al consumo de los bienes necesarios para una vida sana y feliz.
- El actual funcionamiento de nuestro sistema económico y gubernamental no atiende a estas prioridades y es un obstáculo para el progreso de la humanidad.
- La democracia parte del pueblo (demos=pueblo; cracia=gobierno) así que el gobierno debe ser del pueblo. Sin embargo, en este país la mayor parte de la clase política ni siquiera nos escucha. Sus funciones deberían ser la de llevar nuestra voz a las instituciones, facilitando la participación política ciudadana mediante cauces directos y procurando el mayor beneficio para el grueso de la sociedad, no la de enriquecerse y medrar a nuestra costa, atendiendo tan sólo a los dictados de los grandes poderes económicos y aferrándose al poder a través de una dictadura partitocrática encabezada por las inamovibles siglas del PPSOE.
- El ansia y acumulación de poder en unos pocos genera desigualdad, crispación e injusticia, lo cual conduce a la violencia, que rechazamos. El obsoleto y antinatural modelo económico vigente bloquea la maquinaria social en una espiral que se consume a sí misma enriqueciendo a unos pocos y sumiendo en la pobreza y la escasez al resto. Hasta el colapso.
- La voluntad y fin del sistema es la acumulación de dinero, primándola por encima de la eficacia y el bienestar de la sociedad. Despilfarrando recursos, destruyendo el planeta, generando desempleo y consumidores infelices.
- Los ciudadanos formamos parte del engranaje de una máquina destinada a enriquecer a una minoría que no sabe ni de nuestras necesidades. Somos anónimos, pero sin nosotros nada de esto existiría, pues nosotros movemos el mundo.
- Si como sociedad aprendemos a no fiar nuestro futuro a una abstracta rentabilidad económica que nunca redunda en beneficio de la mayoría, podremos eliminar los abusos y carencias que todos sufrimos.
- Es necesaria una Revolución Ética. Hemos puesto el dinero por encima del Ser Humano y tenemos que ponerlo a nuestro servicio. Somos personas, no productos del mercado. No soy sólo lo que compro, por qué lo compro y a quién se lo compro.
Por todo lo anterior, estoy indignado.
Creo que puedo cambiarlo.
Creo que puedo ayudar.
Sé que unidos podemos.
Sal con nosotros. Es tu derecho.
Comentario:
Salimos y... empezó nuestra primavera.
...De cuando en cuando hay quien me sugiere que los científicos deberían prestar mayor consideración a los problemas sociales; en especial, que tendrían que ser más responsables al considerar el impacto de la ciencia en la sociedad. Parece ser opinión general que si los científicos se tomasen la molestia de prestar atención a estos problemas sociales tan difíciles y no se pasaran tanto tiempo tonteando con problemas científicos menos vitales, se obtendrían grandes éxitos.
Tengo la impresión de que nosotros sí reflexionamos en tales problemas de cuando en cuando, pero que no les dedicamos la totalidad de nuestros esfuerzos, por la razón, entre otras, de que no tenemos ninguna fórmula mágica para resolver problemas sociales, de que los problemas sociales son mucho más difíciles que los científicos, y de que normalmente no llegamos a nada cuando reflexionamos en ellos.
Estoy convencido de que cuando un científico examina problemas no científicos puede ser tan listo o tan tonto como cualquier prójimo, y de que cuando habla de un asunto no científico, puede sonar igual de ingenuo que cualquier persona no impuesta en la materia. Dado que la cuestión del valor de la ciencia no es una cuestión científica, esta charla estará dedicada a demostrar la tesis que acabo de exponer... predicando con el ejemplo.
A todo el mundo le es familiar la primera de las formas en que la ciencia es valiosa, a saber, que el conocimiento científico nos permite hacer toda clase de cosas y construir toda clase de cosas. Evidentemente, si hacemos cosas buenas, ello no solamente habrá de acreditarse en la cuenta de la ciencia; el mérito será igualmente de la elección moral que nos llevó a hacer obras buenas. El conocimiento científico confiere un poder que nos capacita para obrar bien o mal, pero no lleva instrucciones acerca de cómo utilizarlo. Tal poder tiene un valor evidente —incluso aunque tal poder pueda ser negado por lo que uno hace con él.
Supe de una forma de expresar este problema humano tan común durante un viaje a Honolulú. En un templo budista de allá, el encargado les explicó a los turistas un poquito de la religión budista, y después acabó su charla afirmando que tenía que decirles algo que no olvidarían jamás —y que yo jamás he olvidado. Era un proverbio de la religión budista:
A cada hombre se le da la llave de las puertas del cielo; esa misma llave abre las puertas del infierno.
¿Qué valor tiene, pues, la llave de las puertas del cielo? cierto es que si carecemos de instrucciones claras que nos permitan determinar cuál es la puerta que da al cielo, y cuál al infierno, la llave puede ser un objeto peligroso de utilizar.
Pero es evidente que la llave tiene un valor: ¿cómo podremos entrar en el cielo si carecemos de ella?
Las instrucciones de uso carecerían de valor si no poseemos la llave. Es evidente, pues, que a pesar de que puede producir enormes horrores en el .mundo, la ciencia tiene valor, porque puede producir algo.
Otro de los valores de la ciencia es el disfrute —el llamado gozo intelectual— que algunas personas sienten al leer y reflexionar en ella, o que experimentan al trabajar en ella. Es éste un aspecto importante, un aspecto, que no es suficientemente considerado por quienes nos dicen que es responsabilidad nuestra reflexionar sobre el impacto de la ciencia en la sociedad.
¿Tiene este disfrute personal algún valor para la sociedad en su conjunto? ¡No! Pero es también una responsabilidad considerar el papel de la sociedad propiamente dicha. ¿Será este papel organizar las cosas de modo que los individuos puedan disfrutar de ellas? En tal caso, gozar de la ciencia es tan importante como cualquier otra cosa.
No quisiera, empero, subestimar el valor de la concepción del mundo resultante del esfuerzo científico. Hemos sido llevados a imaginar toda suerte de cosas infinitamente más maravillosas que las visiones de los poetas y soñadores del pasado. Muestra que la imaginación de la naturaleza es mucho, muchísimo mayor que la imaginación del hombre. Por ejemplo, ¡cuánto más notable es que todos nos hallemos sujetos —la mitad de nosotros, cabeza abajo— por una misteriosa atracción a una bola que gira sobre sí misma; a una bola que ha estado rodando por el espacio durante miles de millones de años, que la metáfora de que somos llevados a lomos de un elefante sostenido por una tortuga que nada en un mar sin fondo!
Han sido tantas las veces que he pensado estas cosas en solitario, que confío en ser disculpado si les recuerdo este tipo de pensamiento, que estoy seguro que tantos de ustedes han tenido, más que nadie podría haber tenido en el pasado, porque no se tenía entonces la información que hoy tenemos sobre el mundo.
La misma emoción, el mismo respetuoso temor, el mismo misterio vuelve a aparecer una y otra vez cuando miramos algo con suficiente profundidad. Y con el mayor conocimiento llega un misterio más profundo y maravilloso, que nos incita a penetrar en él más hondamente todavía. Sin sentir jamás el temor de que la respuesta puede resultar decepcionante, con placer y confianza damos la vuelta a cada nueva piedra que nos encontramos, descubriendo lo inimaginadamente extraño, que conduce a más maravillosas cuestiones y misterios -- ¡una gran aventura, ciertamente!
Es cierto que son pocas las personas no científicas que experimentan este tipo particular de experiencia religiosa. Nuestros poetas no escriben sobre ella; nuestros pintores no tratan de plasmar esta cosa tan notable. No sé por qué. ¿Acaso a ninguno inspirará la imagen que del universo hoy tenemos? Este valor de la ciencia sigue sin ser cantado por los poetas; uno se ve reducido no a escuchar una canción o un poema, sino una lección vespertina sobre ella. Todavía no es la nuestra una edad científica.
Tal vez una de las razones de este silencio sea que es preciso saber leer su música. Por ejemplo, el artículo científico puede decir, «El contenido de fósforo radiactivo del cerebro de la rata decrece a la mitad en un periodo de dos semanas». Ahora bien, ¿qué significa tal cosa?
Significa que el fósforo que hay en el cerebro de la rata —y también en mi cerebro, y en el suyo— no es el mismo fósforo que había en él hace dos semanas. Significa que los átomos del cerebro están siendo reemplazados: los que antes se encontraban allí se han ido.
Observar que eso que yo llamo mi individualidad es tan sólo una configuración, una danza; eso es lo que lo significa el descubrimiento de lo que tardan los átomos del cerebro en ser reemplazados por otros átomos. Los átomos llegan a mi cerebro, danzan en él su danza y después se van —hay siempre nuevos átomos, pero danzan siempre la misma danza, recordando cómo era la danza de ayer.
Cuando leemos algo sobre este asunto en el periódico, dice: «Los científicos afirman que este descubrimiento puede ser un hito importante en la curación del cáncer.» Al periódico tan sólo le interesa la utilidad de la idea, no la idea en sí misma. A duras penas puede nadie comprender la importancia de una idea, tan notable es. Salvo que, posiblemente, algunos niños puedan captarla. Y cuando un niño capta una idea como ésa, tenemos un científico. Ya es para ellos demasiado tarde captar ese espíritu cuando se encuentran en nuestras universidades; debemos pues explicar estas ideas a los niños.
Quisiera dirigir ahora mi atención a un tercer valor que tiene la ciencia. Es un poco menos directo, pero no mucho. El científico tiene una amplísima experiencia de ignorancia, de duda, de incertidumbre, y en mi opinión, tal experiencia de ignorancia, de duda, de incertidumbre, y en mi opinión, tal experiencia es de la mayor importancia. Cuando un científico desconoce la solución de un problema, es ignorante. Cuando tiene una corazonada sobre cuál va a ser el resultado, siente incertidumbre. Y aún cuando esté francamente seguro de cuál va a ser el resultado, todavía le queda alguna duda. Hemos descubierto que para poder progresar es de fundamental importancia saber reconocer nuestra ignorancia y dejar lugar a la duda. El conocimiento científico es un cuerpo de enunciados que tiene diversos grados de certidumbre. Algunos son sumamente inseguros, algunos casi seguros, pero ninguno es absolutamente cierto.
Ahora bien, nosotros los científicos estamos habituados a ello, y damos por hecho que es perfectamente consistente tener inseguridad, que es posible vivir y no saber. Aunque no sé si todos se dan cuenta de que esto que digo es cierto. Nuestra libertad de dudar nació de una lucha contra la autoridad en los primeros tiempos de la ciencia. Fue una lucha muy profunda y vigorosa: se nos ha permitido cuestionar, dudar, no estar seguros. Me parece importante que no olvidemos esta lucha y perder quizás lo que hemos ganado. He aquí una responsabilidad social.
Nos entristecemos cuando pensamos en las maravillosas potencialidades que los seres humanos parecen tener y las contrastamos con lo diminuto de sus logros. Una y otra vez se ha pensado que podríamos hacerlo mucho mejor. Quienes vivieron tiempos pasados vieron en la pesadilla de sus tiempos un sueño para el futuro. Nosotros, que estamos en su futuro, vemos que sus sueños, rebasados en ciertos aspectos, siguen siendo sueños en muchísimos otros. Las esperanzas para el futuro siguen siendo hoy, en buena parte, las mismas de ayer.
Se pensó en cierta ocasión que las posibilidades que tenían las personas no se habían desarrollado debido a la ignorancia. Con educación universal, ¿podrían todos los hombres ser Voltaire? Lo malo puede ser enseñado por lo menos tan eficientemente como lo bueno. La enseñanza es una fuerza muy poderosa, pero lo es tanto para lo bueno como para lo malo.
La comunicación entre las naciones habría de facilitar su entendimiento —así rezaba otro sueño. Pero las máquinas de comunicación pueden ser manipuladas. Lo que se comunica puede ser verdad o mentira. La comunicación es una fuerza poderosa, pero tanto lo es para lo bueno como para lo malo.
Las ciencias aplicadas deberían liberar al hombre de los problemas materiales, cuando menos. La medicina controla la enfermedad. Y aquí el registro parece ser enteramente para lo bueno. Empero, no faltan quienes trabajan pacientemente para crear grandes plagas y venenos, a utilizar en la guerra de la mañana.
A casi nadie le gusta la guerra. Nuestro sueño de hoy es la paz. En la paz es donde el hombre puede desarrollar mejor las enormes potencialidades que al parecer tiene. Pero tal vez los hombres del futuro encuentren que también la paz puede ser buena y mala. Tal vez los hombres pacíficos se entreguen a la bebida, por aburrimiento. Tal vez entonces la bebida se convierta en el gran problema que parezca impedir al hombre lograr de sus facultades tanto como éste cree que debería.
Como es obvio, la paz es una gran fuerza, como lo son la sobriedad, el poder material, la comunicación, la educación, la honestidad y los ideales de muchos soñadores. Tenemos más de esas fuerzas a controlar que los antiguos. Y tal vez estemos haciéndolo un poco mejor de lo que la mayoría de ellos podían. Pero lo que deberíamos poder hacer se nos antoja gigantesco en comparación con lo confuso de nuestros logros.
¿Por qué es esto? ¿Por qué no podemos conquistarnos a nosotros mismos?
Porque nos encontramos con que incluso las grandes fuerzas y facultades no parecen ir provistas de instrucciones claras sobre cómo utilizarlas. Por ejemplo, la gran comprensión acumulada en lo atinente al mundo físico solamente nos convence de que tal conducta parece tener una especie de sinsentido. Las ciencias no enseñan directamente lo bueno y lo malo.
A través de todas las edades pasadas, la humanidad ha tratado de sondear el significado de la vida. Ha comprendido que de poder conferir a nuestras acciones alguna dirección o significado, se desencadenarían grandes fuerzas humanas. Y en consecuencia, muchísimas han sido las respuestas que se han dado al problema del significado de todo. Pero las respuestas han sido de toda clase de suertes, y los proponentes de una respuesta han contemplado con horror las acciones de los creyentes en otras; con horror, porque a resultas de una discordancia en el punto de vista todas las grandes potencialidades de la raza quedan canalizadas y confinadas en un callejón falso y sin salida. De hecho, ha sido a partir de la historia de las enormes monstruosidades creadas por las falsas creencias como los filósofos han comprendido las infinitas y maravillosas capacidades de los humanos. El sueño consiste ahora en descubrir el canal abierto.
¿Cuál es, entonces, el significado de todo ello? ¿Qué podemos decir para desvelar el misterio de la existencia?
Si tomamos todo en cuenta —no solamente lo que sabían los antiguos, sino todo lo que hoy sabemos que no conocían— me parece entonces que hemos de admitir francamente que no lo sabemos.
Pero hacer tal admisión, probablemente hayamos encontrado el canal abierto.
No es ésta una idea nueva; ésta es la idea de la era de la razón. Tal era la idea que guió a los hombres que crearon la democracia bajo la que hoy vivimos. La idea de que nadie sabía verdaderamente cómo se dirige un gobierno condujo a la idea de que se debería establecer un sistema mediante el cual las ideas nuevas pudieran ser desarrolladas, ensayadas y arrojadas por la borda en caso necesario; un sistema que permitiera introducir todavía más ideas nuevas; un sistema, en definitiva, basado en tanteos, en el ensayo y el error. Tal método sobrevino a resultas de que a fines del siglo XVIII la ciencia estaba empezando ya a mostrar que era empresa venturosa. Incluso en aquella época, a quienes reflexionaban en los fenómenos sociales le resultaba obvio que la apertura de posibilidades era una oportunidad que la duda y la discusión eran esenciales para progresar y penetrar en lo desconocido. Si queremos resolver un problema jamás resuelto anteriormente, tenemos que dejar entreabierta la puerta a lo desconocido.
Nos encontramos en los comienzos mismos de la era de la raza humana. No es irrazonable que tengamos o que tropecemos con problemas. Pero hay decenas de miles de años en el futuro. Es responsabilidad nuestra hacer lo que podamos, aprender lo que podamos, mejorar las soluciones, y transmitirlas a nuestros sucesores. Es responsabilidad nuestra dejar las manos libres a las gentes futuras. Hallándonos como estamos en la impetuosa juventud de la Humanidad, podemos cometer graves errores que paralicen nuestro crecimiento durante largo tiempo. Y así sucederá si afirmamos tener ya las respuestas, cuando tan grande es nuestra juventud y nuestra ignorancia.
Si suprimimos toda discusión, toda crítica, proclamando, «¡He aquí la respuesta, amigos míos; el Hombre está salvado!» condenaremos durante largo tiempo a la Humanidad, la encadenaremos a la autoridad, la confinaremos a los límites de nuestra imaginación presente. Ya se ha hecho antes muchas veces.
Es responsabilidad nuestra como científicos, sabedores del gran progreso que emana de una satisfactoria filosofía de la ignorancia, del gran progreso que es fruto de la libertad de pensamiento, proclamar el valor de esta libertad; enseñar que la duda no ha de ser temida, sino bienvenida y discutida, y exigir esta libertad como deber nuestro hacia todas las generaciones venideras.
Richard P. Feymnan (1962)
Fuente: http://sentadoenlatrebede.blogspot.com/2011/05/el-valor-de-la-ciencia.html