Indagando el futuro

Una herramienta maravillosa

Escrito por josepgmaynou 29-11-2012 en General. Comentarios (0)

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 El método científico, una herramienta maravillosa


 El tema de hoy me lo ha proporcionado un tuitero que me ha incluido un enlace con el desafiante título de ¿Qué demonios es la ciencia? Aunque proviene de un blog muy fuera de mi estilo (se llama “La revolución naturalista”), el provocador título del artículo no pudo menos que llamar mi atención. En él se menciona a Karl Popper y el llamado “problema de la demarcación” referente a la dificultad de definir los límites de eso que denominamos ciencia.


 Para mí, que llevo bajo la sombra de la ciencia toda la vida (y no es exageración, mi padre era geólogo del CSIC), la ciencia es algo muy cercano. Tanto, que nunca he tenido problemas en saber qué es. Sin embargo, la ciencia goza de tan buena fama que muchos otros polizones intentan subirse a su tren, a menudo sin pagar billete. Y no me refiero tan sólo a las pseudociencias, que pululan por ahí en busca de reconocimiento y de las que hay mucho que hablar, sino a las “ciencias” de todo tipo que proliferan como setas últimamente. En mi propia Universidad, hay varias licenciaturas (bueno, pronto serán grados) que se denominan ciencias pero que no tienen nada que ver con la Facultad de Ciencias. Tenemos Ciencias de la Salud (Enfermería), Ciencias Económicas, Ciencias Políticas, Ciencias del Trabajo, Ciencias de la Educación, e incluso Ciencias de la Actividad Física y el Deporte.


 Y la duda se extiende a otros estudios más o menos científicos. ¿Es la psicología una ciencia? ¿La frenología? ¿La homeopatía? ¿La parapsicología y el ocultismo? ¿Es algo científico lo que intenta hacer Iker Jiménez en sus programas? Constantemente nos habla de mediciones, psicofonías, grabaciones y todo tipo de parloteo tipo Cazafantasmas. Incluso intenta imitar en ocasiones a Carl Sagan ¿o por qué creen que llama a su plató de televisión “la nave del misterio”?). Puede que sí que nos haga falta una demarcación, siquiera somera, de qué entendemos por ciencia.


 Cuando comienzo el curso, yo describo la Ciencia como “una rama del saber.” Supongo que, a estas alturas, incluso mis alumnos menos brillantes tendrán una idea de lo diferencia la Ciencia de, digamos, el arte o la religión. Pero como acto seguido les hablo de la Física, les describo el elemento que, en mi opinión, diferencia la Ciencia de lo que no es Ciencia. Hablo del método científico.


 En mi opinión, la Ciencia es una rama del saber caracterizada por el uso de un método de búsqueda de la verdad muy concreto y definido. Es ese método lo que marca toda la diferencia. El método científico puede expresarse de varias formas. Yo voy a sintetizarlo así:observación, experimentación, formulación, comunicación, verificación.
 Estos pasos no siempre son secuenciales, sino que a menudo se solapan.


1) OBSERVACIÓN. Consiste en un examen crítico y atento de un fenómeno, tal cual se aparece ante nosotros. Una observación puede ser cualitativa (solamente fijarse en qué tenemos) o cuantitativa (es decir, midiendo cantidades). Podemos observar con los sentidos, o bien usar cualquier instrumento de análisis para abarcar lo que el ojo no ve (infrarrojos, ultravioleta, rayos X, ondas sísmicas, etc.).  Ese es el primer paso, y si todo va bien, no será el último.


2) EXPERIMENTACIÓN.  Este paso es una extensión del anterior.  Un experimento es una observación, o serie de observaciones realizadas bajo condiciones controladas por el experimentador.  No se trata de una observación pasiva, sino que en este caso el científico es el que pone las reglas.  La experimentación nos permite inferir qué variables son relevantes en el experimento, y qué variables no lo son.  Por ejemplo, ¿de qué depende el período de un péndulo?  Si usamos muchas cuerdas y muchos objetos atados, comprobaremos que depende de la longitud de la cuerda, pero no de la masa del objeto que cuelga.  Así, poco a poco, vamos estableciendo relaciones entre variables, lo que nos permitirá efectuar hipótesis (paso 3).


3) FORMULACIÓN. En este punto, la cosa se anima. Armados con los datos proporcionados por la observación y la experimentación, podemos pasar ahora a la fase de formulación, en la que creamos hipótesis y teorías para explicar los fenómenos observados, así como para poder efectuar predicciones.  Una hipótesis es un primer intento, una especie de “presunta ley científica”  Si posteriores experimentos la confirman, va afianzándose, denominándose entonces teoría.  Con el tiempo, si validez se ve confirmada y apoyada por nuevas predicciones, pasa a llamarse ley.


 Al menos en teoría.  El problema es que los científicos, como personas que son, tienden a ser algo caóticos.  No es como en Derecho, donde un texto legal pasa de borrador a anteproyecto, luego a proyecto y después a ley.  En ocasiones, la Ciencia llama teoría a algo que es una ley, o viceversa.  La evolución de Darwin es un hecho científico bien establecido, pero nadie habla de la Ley de la Evolución.  ¿Por qué?  Pues porque siempre se la ha llamado teoría, y no nos vamos a poner a hacer cambios a estas alturas.  Es este un detalle que en ocasiones es mal entendido por la comunidad no científica, que confunde una teoría con una hipótesis. Ha sido aprovechado con éxito por los grupos creacionistas que niegan la evolución.  Si la evolución es una “teoría,” dicen, en las escuelas deberían también enseñarse las creencias creacionistas, que también son una teoría.  Lo mismo dicen sobre la teoría del cambio climático.  Una teoría es algo sólido, quizá no tanto como una ley, pero ciertamente más que una endeble hipótesis.

 

 Pero nuestra taxonomía es un tanto caótica.  La “Teoría” de la Relatividad, comprobada hasta la saciedad, sustituyó hace tiempo la “Ley” de gravitación de Newton.  Hablamos genéricamente de Teoría Cuántica (que más bien debería ser una ley) y de Teoría de Cuerdas (que es más bien una hipótesis, o eso dice el zombi Feynman).  A la teoría más extendida sobre partículas elementales se le llama Modelo Estándar.   Personalmente, creo que la tendencia es a llamar Ley a una hipótesis concreta, contrastada y confirmada, y a denominar Teoría a un conjunto de leyes e hipótesis más o menos numerosas.


 Un ejemplo divertido es el de la Óptica.  Podemos explicar fenómenos ópticos usando Teoría Corpuscular, o bien Teoría Ondulatoria.  Resulta que ninguna de ellas puede explicar todos los fenómenos ópticos, pero lo que explican, lo explican perfectamente bien.  Lo que sucede es que, según la (ejem) Teoría Cuántica, un fotón puede actuar como onda o como partícula, según sea el experimento que diseñemos. Así que la Teoría Ondulatoria nos explica la Ley de Malus, y la Teoría Corpuscular nos da la Ley de Snell.  ¿Que por qué no hablamos de Ley Corpuscular y Ley Ondulatoria?  Pues por lo mismo que les dije antes: inercia cansina.
(Por cierto, a la teoría óptica ondulatoria es costumbre llamarla Óptica Física, nombre que yo aborrezco.  Para mí, tan física es la Óptica Ondulatoria como la Corpuscular).


4) COMUNICACIÓN.  La Ciencia viene a ser como el viejo chiste: ¿de qué sirve acostarse con Elsa Pataki si no lo puedes contar?  Una vez has comprobado la validez de tu teoría, llega el momento de contárselo al mundo.  No se trata solamente de egolatría, aunque a todos nos gusta que se nos atribuya el mérito por nuestro trabajo.  No, es algo mucho más profundo.  En Ciencia, todo es válido mientras no se demuestre lo contrario.  Y la mejor manera de demostrarlo es en el laboratorio, con luz y taquígrafos en todos los rincones.  Cualquier teoría debe ser reproducible, de forma que un científico en el otro extremo del planeta, con los mismos instrumentos y las mismas instrucciones, pueda obtener los mismos resultados.  Y para eso hay que comunicar lo que uno obtiene, sea en forma de artículo científico, contribución a congreso o de otra forma.  Se pone todo encima de la mesa, se da un paso atrás y a esperar el veredicto de tus pares.


 Eso es lo que da a la Ciencia una buena parte de su solidez.  Nada se cree porque sí, nada se impone por decreto.  Sí, seguro que usted podrá encontrar contraejemplos de lo que le digo.  Newton, como persona, parece que era un auténtico cabrón, y se pasó años combatiendo a quienes osaban cuestionar su Teoría Corpuscular de la luz.  Era una autoridad científica, y se salió con la suya durante un tiempo.  Pero, a la larga, el peso de la evidencia experimental hace imperativo descartar la teoría incorrecta y sustituirla por una mejor.  Los argumentos de autoridad valen lo que valen, y no más.
 Incluso científicos honrados y con buenas intenciones pueden cometer errores, así que la comunidad científica en su conjunto es la encargada de validar, o refutar, sus resultados, en un proceso de autocorrección que nunca acaba.  ¿Creéis que la forma de trabajar en la Wikipedia, o en el mundo Linux, es novedosa? ¡Ja!  La ciencia descubrió el truco hace siglos.  No solamente eso, sino que comunicar las investigaciones propias permite a otros científicos avanzar en sus propias investigaciones.  En clase suelo poner el ejemplo de Henry Cavendish.  Este científico británico del siglo XVIII hubiera podido ser un precursor del electromagnetismo y la teoría de gases, adelantándose en décadas a hombres como Mawxell, Faraday o Dalton.  Pero era de personalidad retraída y asocial, y muchos de sus descubrimientos no fueron nunca publicados.  Sólo después de su muerte, cuando se encontraron sus cuadernos de notas, pudo el mundo conocer el total de su grandeza científica.  Una lástima para el mundo, que pudo haberse aprovechado bien de su mente y sus descubrimientos.  Aunque tranquilos, que al menos Cavendish no murió triste y pobre: cuando fue enterrado en la catedral de Derby, Inglaterra despedía a uno de sus más acaudalados súbditos.


5) VERIFICACIÓN.  Una vez establecida una teoría, hay que verificarla.  No se trata tan sólo de asegurarse que los experimentos ya realizados queden bien explicados, sino que también ha de poder explicar otros fenómenos.  Es decir, que nos permita hacer predicciones.  Estas comprobaciones pueden ser hechas tanto por el científico creador de la teoría como por otros científicos.  De hecho, lo mejor es que lo confirmen grupos de investigadores de otros laboratorios.


 Un ejemplo interesante es el de las ondas gravitacionales.  Predichas por la teoría de la relatividad de Einstein, fueron aparentemente detectadas por vez primera en los años 60, de la mano de James Weber.  El problema es que, desde entonces, nadie ha podido volver a detectarlas, a pesar de que los instrumentos recientes son mucho más sensibles.  ¿Mintió Weber y falsificó resultados?  No parece el caso.  ¿Se equivocó y realizó un experimento fallido?  Es posible.  Pero, puesto que tenemos una teoría capaz de explicar las ondas gravitacionales, se están preparando nuevos y muy costosos experimentos para verificarla o refutarla (pueden leer más detalles en este artículo).  Sólo así sabremos si Weber fue un precursor que tuvo la suerte de detectar una onda gravitacional inusitadamente grande, o si sencillamente se equivocó.


 Otro ejemplo: la fusión fría.  En la década de los 80, los investigadores Stanley Pons y Martin Fleischmann afirmaron haber obtenido fusión nuclear a temperatura ambiente, mediante una celda electrolítica.  Su descubrimiento fue revolucionario, y ya pueden imaginarse por qué: ¡nada menos que un bote con agua, deuterio y un catalizador, y ya tenemos energía barata e inagotable! Este cliché llegó hasta el cine, con la película El Santo (1997), donde una científica rusa y un pícaro ladrón logran salvar a Rusia del abismo gracias a la fusión fría.  Por desgracia, la verificación experimental de otros equipos fue negativa, nadie fue capaz de reproducir esos resultados. ¿Fraude?  Había miles de millones en juego, y los investigadores parecían más interesados en obtener patentes que en hacer trabajo científico serie.  Sin embargo, no serían tan tontos como para creer que nadie verificaría sus resultados.  En la actualidad, se cree que Pons y Fleischmann pudieron haberse equivocado en sus mediciones, lo que les hizo creer erróneamente que había un exceso de energía de origen nuclear.


 Así que ya saben, amigos.  Si tienen alguna duda sobre la validez científica de cualquier área del saber, rama o pseudociencia que pretenda acceder al manto de respetabilidad que otorga la ciencia, hágase las preguntas del método científico:


* ¿Hay observaciones fiables?
* ¿Se realizan experimentos en condiciones controladas y reproducibles?
* ¿Hay alguna teoría, hipótesis o conjetura que permita explicar los fenómenos observados y experimentados?
* ¿Se comunican dichas teorías y experimentos de forma abierta y fiable?
* ¿Se ha verificado de forma rigurosa e independiente?


Si no es así, no compre la moto. Seguro que tiene truco.


* Escribió Arturo Quirantes (29/09/2011) en Naukas.com


 

Falacias...

Escrito por josepgmaynou 26-11-2012 en General. Comentarios (0)

 

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 Cinco falacias argumentativas y una falacia metodológica sin las que el decrecionismo no es argumentable

 

 Los argumentos decrecionistas forman un tejido único de falacias clásicas y sin embargo socialmente extendidas. En conjunto forman un tejido argumentativo tan falso como seductor capaz de generar una falsa ilusión de racionalidad apoyándose en nuestros propios vicios y perezas intelectuales. Si el capitalismo nos conduce efectivamente a un barranco, el decrecionismo nos induce a pensar como lemmings.


 En nuestros debates con catastrofistas y decrecionistas, aparecen cinco falacias argumentativas y una falacia metodológica que se alimentan mutuamente en un tejido difícil de desembrollar. En un terreno argumentativo así, aceptar la discusión numérica es jugar con cartas marcadas a un juego cuyo resultado viene determinado de antemano.

 

 La falacia metodológica es obviamente la falacia ricardiana: aceptar que tienen valor predictivo los resultados de una prospectiva realizada proyectando una única variable y «congelando» todos los demás los factores sociales que influyen en el proceso estudiado.


 «Si la tecnología permanece cómo ahora y se mantiene el ritmo de los descubrimientos, las reservas de petróleo se agotaran en X tiempo y un súbito encarecimiento de los recursos energéticos producirá una crisis civilizatoria sin precedentes», nos dicen los «peak oilers»… y han tenido que corregir la fecha en media docena de ocasiones en 10 años. La última fecha anunciada fue 2010… y también fue corregida. La tecnología evoluciona a velocidad acelerada y las reservas son una variable económica, no natural, que es resultado de las demás y no puede «congelarse» sin poner en cuestión cualquier predicción.

 

 Algo parecido le había ocurrido al famoso demógrafo Paul Elrich, reactualizador del malthusianismo, que en su libro «Population Bomb» (1970) predijo una crisis demográfica global para finales de los 70 y principios de los 80 con hambrunas masivas en Sudamérica, Asia y África. El resultado, a pesar del aumento poblacional, fue muy distinto.

 

 La falacia ricardiana «funciona», es decir, tendemos a dejarla pasar, porque responde a la necesidad de control y simplificación a la que el relato científico decimonónico nos ha educado. Pero el hecho es que reduce el campo de aplicabilidad de las conclusiones dramáticamente: sólo muestra «que pasaría si». Y no podemos olvidar que desde el momento mismo de hacer la pregunta sabemos que el condicional al que está sometido no se cumplirá.

 

 Las falacias conceptuales
 Más graves aún son las cinco falacias conceptuales en que el decrecionismo basa una y otra vez su argumentación. Se trata en realidad de otras tantas falacias cuyos orígenes son diversos: argumentos económicos errados de otras tantas teorías que quedaron en la memoria popular como (falsos) lugares comunes… y que hoy son recogidos por científicos de la naturaleza metidos a hacer discurso social sin tener el background crítico necesario.

 

1. «Los deseos son infinitos y por tanto no existe un límite al consumo» (falacia utilitarista)
2. «La población crecerá hasta chocar con la escasez de los recursos»» (falacia malthusiana)
3. «Más productividad y crecimiento producen necesariamente más stress sobre los recursos» (falacia ecologista)
4. «Como el mundo es finito, los recursos se agotarán en breve» (falacia catastrofista)
5. «El desarrollo de la abundancia bajo el modo de producción p2p se enfrentará a los mismos problemas medioambientales que el capitalismo» (falacia centralista)


Vayamos paso a paso


1. «Los deseos son infinitos y por tanto no existe un límite al consumo» (falacia utilitarista). Falso: los deseos de consumo vienen limitados tanto por valores culturales como por tiempo. Aunque la tradición monástica cristiana ha legado a nuestra cultura la idea de que un menor consumo es «renuncia» y por tanto que un mayor consumo sería el resultado espontáneo de nuestros deseos «naturales», la verdad es que los estudios sobre el comportamiento de los ganadores de lotería muestran que un incremento súbito de la riqueza no produce un aumento destacado de las cantidades consumidas ni un cambio general de pautas de consumo. Curiosamente, los ganadores de lotería acaban aportando a instituciones benéficas parte significativa de sus premios.

 

2. «La población crecerá hasta chocar con la escasez de los recursos»» (falacia malthusiana). Falso: El comportamiento reproductivo es otra variable cultural. Lo que nos muestran las series estadísticas de los países centrales es que cuando una sociedad se acerca al fin de la pobreza su crecimiento vegetativo se detiene.


3. «Más productividad y crecimiento producen necesariamente más stress sobre los recursos» (falacia ecologista).Dos falsedades en una sóla frase: en primer lugar, aunque la productividad que suele reproducirse en las estadísticas es la del factor trabajo (cuanto valor se produce por hora trabajada como media), la productividad incluye también a los recursos. El crecimiento de la productividad puede orientarse -y de hecho se plama también- en una mayor eficiencia energética. En segundo lugar, el crecimiento del valor de lo producido no tiene por qué consumir más recursos: con cada programa de software libre crece la riqueza social disponible (y el consumo a precio cero), pero los recursos naturales no se ven significativamente afectados; cuando un campo valdío manchego se pone en labranza con ajos y vides por ejemplo se utilizan más recursos naturales, pero no se puede decir que el terreno sufra un stress cuando el cultivo es naturalmente sostenible.

 

4. «Como el mundo es finito, los recursos se agotarán en breve» (falacia catastrofista). Falso: Es seguramente la falacia más obvia, pero «funciona» porque se basa en las dificultades de nuestro cerebro para valorar probabilidades a partir de ciertas escalas. Que los recursos sean finitos no quiere decir que su utilización vaya a conducir al agotamiento a corto plazo, pero si le unimos «mala ciencia» en forma de falacia ricardiana (ver arriba), tendremos una larga tradición de alarmas que se desvanecieron.


5. «El desarrollo de la abundancia bajo el modo de producción p2p se enfrentará a los mismos problemas medioambientales que el capitalismo» (falacia centralista). Falso: Como hemos argumentado ya, cada modo de producción tiene una forma propia de relacionarse con el entorno y los recursos porque:


* Incentivan una estructura energética, cadenas logísticas y procesos productivos distintos. A diferencia del capitalismo industrial, en el modo de producción p2p se reducen drásticamente las cadenas logísticas medias, la producción energética toma una forma distribuida que prima la autoproducción renovable y los recursos
* Las tecnologías se desarrollan de una forma distinta, supeditada a la lógica interna del sistema: pasaremos de primar las tecnologías que alientan la recentralización que necesita el capital financiero para mantener su acumulación a la distribución y la tendencia a la autosuficiencia que necesita el modo de producción p2p, tanto en energía como en la elección de materias primas.
* Distintas formas de socialización -determinadas a las finales por las formas de agruparse para producir socialmente dominantes- promueven distintos valores culturales que modifican las aspiraciones y comportamientos de consumo de las personas. Las demandas sociales también apuntarán a otros lados.


En cualquier caso, pedirle al muy incipiente modo de producción p2p que responda, aún bajo la hegemonía del viejo sistema productivo, cuál será su desarrollo cuando se despliegue como forma social generalizada, equivale a haberle pedido a Leonardo da Vinci o Erasmo que describieran la tecnología o el sistema político de la revolución industrial. Un absurdo que sólo gana apariencia de sentido si se incorpora al argumento la urgencia de una catástrofe inmediata.


Conclusiones

 

 Los argumentos decrecionistas forman un tejido único de falacias clásicas y sin embargo socialmente extendidas. En conjunto forman un tejido argumentativo tan falso como seductor capaz de generar una falsa ilusión de racionalidad apoyándose en nuestros propios vicios y perezas intelectuales. Sin embargo, merece la pena hacer el esfuerzo y volver a la perspectiva de la abundancia: si el capitalismo nos conduce efectivamente a un barranco, el decrecionismo nos induce a pensar como lemmings.

 

Escribió David de Ugarte (25/11/2012) en El Correo de las Indias


http://bitacora.lasindias.com/cinco-falacias-argumentativas-y-una-falacia-metodologica-sin-las-que-el-decrecionismo-no-es-argumentable/

 

Comentario:


Una falacia es un razonamiento no válido o incorrecto pero con apariencia de razonamiento correcto. Es un razonamiento engañoso o erróneo (falaz), pero que pretende ser convincente o persuasivo.

La crisis del Estado y del trabajo.

Escrito por josepgmaynou 17-11-2012 en General. Comentarios (0)

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 Es un poco paradójico que tratando de la crisis actual haga referencia con frecuencia y recomiende la lectura de Jeremy Rifkin. La desorientación y el despiste intelectual, ante la crisis social, económica y política actual, es tal, que me parece bastante inútil otra referencia como sería la de los borradores de K.Marx  (“Elementos fundamentales para la crítica de la economía política”) que siguen siendo, a menudo, mi propia fuente de estudio y de consulta, y que han ido desde hace bastante tiempo acompañando mi proceso personal. La anticipación de Marx (en 1857) de los límites que alcanzaría el sistema económico que conocemos como capitalismo, en estos borradores que le sirvieron para más tarde escribir “El Capital”, superan con creces los análisis y las reflexiones de Rifkin. Pero éste tiene un gran mérito. Como intelectual y economista asesor de numerosos gobiernos de lo que podríamos llamar “moderna derecha del sistema” tiene el mérito de su lucidez en la comprensión de las grandes transformaciones que están en marcha desde hace más de 50 años en lo que él mismo denomina tercera  revolución industrial y en la anticipación, de que la envergadura de éstas van a provocar, inevitablemente, profundas grietas en las relaciones sociales.


 Hace casi 20 años que leí a Rifkin. Su libro, “El fin del trabajo” y un corto escrito resumen de una conferencia pronunciada en la sede de MERCOSUR en octubre del año 1998 son, a mi parecer, una buena fuente para la reflexión. He de decir también, que de aquellos años es el interesante folleto “Manifiesto contra el trabajo” (del recientemente fallecido Robert Kurz y del Grupo Crisis). Una crítica a la sociedad del trabajo asalariado desde las posiciones de la izquierda radical.

 

  La lectura de las reflexiones de Jeremy Rifkin  tiene el indudable interés de acercarnos a la comprensión de las causas profundas de la crisis actual. Curiosamente en todos sus escritos se obvia, por descontado, los puntos de vista tan frecuentes y de moda de la mayoría de analistas políticos de la actualidad: ni malos gestores, ni avaros financieros, ni burbujas inmobiliarias, ni deudas soberanas, ni tan solo de demoníacos centros de poder que desde la nocturnidad y alevosía manejan a su antojo los destinos del mundo. Sin quizás darse cuenta de ello, Rifkin, se sitúa en el marco de lo que podríamos llamar el más estricto análisis y rigor materialista. ¡Qué paradoja! Los asesores reformadores del sistema por el camino del materialismo y la llamada izquierda progresista anclada en el más absoluto idealismo y dogmatismo.

 

 Para Rifkin, la sociedad ha evolucionado de tal manera, a causa de una extraordinaria revolución tecnológica, que ya no es posible su supervivencia a partir de la anterior sociedad: la “sociedad del trabajo”. Su simple interrogación formulada hace casi 20 años: “Sabemos que viene el tiempo libre, mucho tiempo libre”. La pregunta que nos planteamos es si va a ser para disfrutarlo o para hacer filas de desempleados” ya tiene respuesta. El sistema que se presentó como la última forma más evolucionada que permitiría un progreso sin fin generalizable para toda la Humanidad (el sistema de la apropiación privada, la economía mercantil y el trabajo asalariado) se acercó inexorablemente a sus límites. Hoy solo puede hacer “filas de desempleados”.

 

 Y ante esta evidencia solo se oyen los llantos tanto de sus aduladores como de sus detractores: Es preciso, como sea, crear trabajo, gritan todos al unísono. Pero, se equivocan. Todos ellos han tomado el atajo, impensable, del regreso al pasado. Mientras ellos quieren continuar creando trabajo (¡en su forma asalariada, claro!) la sociedad sigue su camino en dirección opuesta: Investiga, crea, produce, difunde y generaliza, sin cesar, maneras de producir con menos trabajo, con menos esfuerzo, en menor tiempo y con mucha más eficacia… y de una manera colaborativa y cooperadora, sin límites ni cadenas, que rompe las viejas formas del trabajo de la vieja sociedad de la mercancía y del dinero. La sociedad del conocimiento y del “procomún” ha puesto en jaque a la sociedad del trabajo y de la “propiedad privada”. 

 

 En este marco habría que entenderse la crisis del Estado. Del Estado como aquella moderna creación de la burguesía en su periodo histórico revolucionario frente al antiguo régimen feudal. De aquel Estado como instrumento de poder de las clases dominantes (siempre en continuo litigio y guerra con otros Estados por la apropiación y liderazgo del mundo) pero también como instrumento en cierta manera regulador de las tensiones sociales a partir de su consolidación como la recaudadora (apropiadora) de las rentas del trabajo y del monopolio de la violencia… Que perduró mientras hubo trabajo.  Este papel “conciliador” de los distintos intereses de clase desapareció (no pudo cumplirse) en el momento que se entró de lleno en un periodo de crisis de la “sociedad del trabajo” y al mismo tiempo cuando su propia soberanía nacional tuvo que ser cedida a una nueva clase (financiera) ya supranacional en un intento desesperado de encontrar una solución a su propia incapacidad e insolvencia.  Es decir, el antiguo Estado sin sus antiguas prerrogativas y sin su fuente fundamental de financiación  se ha ido convirtiendo  solo en el gestor de los intereses financieros supranacionales.  La crisis del trabajo y la crisis del Estado son, pues,  inseparables.  Los viejos Estados están en bancarrota en la medida de que el trabajo, tal y como hasta ahora lo hemos conocido, es irrecuperable. La fallida del Estado del Bienestar (como conquista social pero también como  forma de la continuidad del sistema en la medida que aseguraba la reposición de la fuerza de trabajo) es, pues, irreversible.

 

 Y así, el viejo sueño de la Europa de los pueblos o de la Europa de las Naciones se intenta construir con la suma de los viejos Estados-Nación incapaces e insolventes (en bancarrota técnica), que como mal menor van cediendo su soberanía a una enorme superestructura supranacional cada vez más alejada del control de los ciudadanos y cada vez más al servicio de unos intereses financieros que recomponen constantemente sus esferas de poder en base a “rescates” y al cobro de “deudas” cada vez más inviables.


  Nadie habla ya de la Europa de los ciudadanos. Están construyendo solamente un gran mercadillo en donde todo se compra y todo se vende a precio de saldo. Y mientras se recompone y  se concentra aún más el poder, más se empobrece y depaupera el nivel de vida de los ciudadanos.

 

 Es difícil adivinar las salidas a este periodo de crisis y de transición, pero probablemente el resquebrajamiento de los viejos Estados pueden dar lugar a la formación de entes territoriales más pequeños que por afinidad de historia, lengua, cultura o por la propia voluntad de asumir su propio destino intenten emprender un nuevo camino. Camino en donde prevalezca el “procomún” frente al interés privado. En donde el control de la gestión pública se acerque más a las cuotas de control democrático que desean  los ciudadanos. En donde la asunción de la auto gobernabilidad y la autogestión de todos los asuntos de la colectividad sean posibles. La libre confederación de estos entes territoriales podría ser un buen camino hacia  nuestra unificación.

 

¡Qué vergüenza¡

Escrito por josepgmaynou 17-11-2012 en General. Comentarios (0)

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 Vuelven los bombardeos a Gaza. Sigo repitiendo lo que ya escribí desde las páginas de ellaberinto.net en agosto de 2009. Por entonces pocos hablábamos de la crisis que se avecinaba y de la guerra como una de sus salidas. La actualidad ha puesto en evidencia la crisis y han vuelto las guerras y las masacres de inocentes. Parece que nada haya cambiado.


 Pero yo seguiré repitiendo hasta la saciedad:

 

 …Los ciudadanos palestinos, israelitas, jordanos, sirios, libaneses,... deben vivir juntos y trabajar juntos en favor de sus vidas. Deben ir diluyendo sus identidades al tiempo que diluyen los colores de sus banderas y de sus viejos estandartes. Deben hacerlo de la única manera que sabemos hacerlo los seres humanos: aunando nuestros esfuerzos para satisfacer nuestras necesidades más perentorias; trabajando en común y en colaboración; aprovechando, de la manera más racional y eficiente, los recursos y los conocimientos que disponemos; uniéndonos en las relaciones normales y cotidianas de la vida como siempre hemos estado dispuestos a hacerlo; estrechando nuestros lazos de parentesco familiares entre comunidades distintas; sustituyendo el ruido de los tambores de guerra por el sonido armonioso de nuestras canciones y músicas populares; cambiando armas de guerra por libros de saber; libros de brujería por enciclopedias de Ciencia; convirtiendo áridos desiertos en fértiles vergeles; apartando a nuestros jóvenes de sacerdotes, rabinos e imanes (tanto los del "Partido de Dios" como los de la "Casa de Sión") que solo siembran cizaña de odios e intentan perpetuar en nuestras sociedades situaciones de privilegio y estructuras sociales de sumisión; situando a la mujer en plena igualdad; expulsando a gobernantes criminales y parásitos; tendiendo la mano de esperanza a otros pueblos del mundo para que sus ciudadanos también emprendan este camino y especialmente para que obliguen a sus gobiernos a deponer sus actitudes belicosas contra la Humanidad y en favor del Capital…

 


 ¡Que vergüenza!

(Reflexiones sobre la nueva guerra en el Líbano)

 

 La imagen es elocuente. Más que mil palabras. En nada cambiaría si a pie de imagen se especificara la identidad del hombre que sostiene en brazos el cadáver del niño. Podría ser cristiano-libanés, o musulmán-libanés, o israelita, o árabe-israelita, o jordano, o palestino, o sirio, o iraní-chiíta, o irakí-sunní, o... estadounidense. Ninguna sociedad puede desembarazarse de la tristeza, de la rabia y de la impotencia cuando hechos de esta naturaleza nos alcanzan. En realidad, los sentimientos humanos no tienen patria ni fronteras. Ni raza, ni confesión religiosa, ni doctrina ideológica...

 

 Tampoco ninguna sociedad humana puede desembarazarse de los idénticos y comunes anhelos de prosperidad y de paz; de parecidos deseos de querer vivir y trabajar para la vida; de estrechar lazos amistosos y colaboradores con nuestros vecinos; de poder satisfacer con nuestro trabajo nuestras necesidades más perentorias; de ver crecer sanos y buenos a nuestros hijos; de enorgullecernos de que nuestros jóvenes tomen en sus manos con alegría el relevo generacional en la tarea de la continuidad de la vida; de que nuestros ancianos se sientan honrados y protegidos; de sentirnos satisfechos de haber convertido los desiertos en vergeles, nuestros pequeños habitáculos en confortables viviendas, nuestros pesados y arduos trabajos, en sencillas tareas cada vez realizadas con más facilidad y eficiencia; de haber transformado nuestros viejos instrumentos de labor en sofisticadas herramientas; de haber podido vencer enfermedades antes incurables; de acercarnos con suma facilidad a otros confines y percatarnos que "los otros" que creíamos diferentes tienen también nuestras mismas aspiraciones. ¡Cuan parecida es en todo el mundo la sonrisa de los niños, el desvelo para con ellos de sus padres y la mirada complaciente de sus abuelos!

 A pesar de que todo parece confirmar, para algunos, que las sociedades se han arrodillado al apabullante triunfo de la sociedad del dinero, en lo más profundo de las entrañas de cualquier colectivo humano perviven las ansias de progreso y de libertad, los deseos de rebeldía frente a la opresión y los anhelos de vida y de supervivencia frente a la destrucción. A pesar de la enorme presión cultural, religiosa o  ideológica imperante sobre el pensamiento social, este arraigado impulso favorable a la vida permanece vivo en cualquier colectivo. Basta ojear en profundidad cualquier sociedad, especialmente en los sectores más jóvenes, para confirmar estas ansias. ¡Los seres humanos no estamos dispuestos a permanecer impasibles esperando nuestra aniquilación!

 

 En el camino hacia una nueva forma de organización de esta aldea global, los analistas e intelectuales deberían comprender y subrayar tanto la importancia de estos lazos comunes que son en definitiva los que unirán irreversiblemente a los seres humanos, como la inevitable necesidad de derrotar a la sociedad del Capital para superar los periodos de crisis y de barbarie en los que nos encontramos. Estos lazos comunes, de esencia plenamente biológica (de especie viva) y el neodarwinismo-social del "sálvese quien pueda" o "solo los más fuertes sobrevivirán" son incompatibles.

 

 La supervivencia de la sociedad del Capital hace impensable que nuestros anhelos, compartidos en cualquier confín del globo, se puedan hacer realidad. Es más,  nuevos actos inusitados de barbarie, de guerra e interminables batallas entre pueblos (incomprensiblemente separados y enfrentados sin que el paso de la Historia haya hecho variar un ápice los conflictos del pasado más lejano) se sucederán sin apenas momentos de interrupción, si no conseguimos superarla. Los hechos así lo demuestran. El Líbano es un nuevo escenario de una misma guerra que como fantasmagórico circo ambulante, va desplazándose a otros lugares del Planeta. Cambiará de escenario, pero su representación será la misma: asesinato de inocentes, éxodos, refugiados, miseria y destrucción. Así exactamente lo expresé cuando empezaron los primeros bombardeos de Afganistán. (Ver en la Web "Guerra II"). 

 

  Son ilusos los que les causa estupor y extrañeza, observar la manera cómo las clases dirigentes mundiales han decidido la manera de cómo debe resolverse la crisis de este sistema social caduco. Tras el derrumbe del muro de Berlín, las guerras por el dominio del mundo (por la apropiación privada de los recursos): Yugoslavia, Afganistán, Irak, Palestina, Líbano... no pueden dejar ninguna duda. El Imperio solo puede sobrevivir, si hace retroceder al resto del mundo a estrictas sociedades sometidas, sumisas y saqueadas. Detrás de la guerra emprendida contra el terrorismo no hay más que la mano ejecutoria de unos gobiernos, que a modo de sicarios, actúan para postergar la crisis de un sistema, que como otros anteriores en su momento de decadencia, no tienen más posibilidad de supervivencia que la que le otorga el uso indiscriminado y sin escrúpulos de la fuerza para el saqueo y el pillaje. Sus guerras son estrictamente minuciosas campañas militares de saqueo. Su proyecto de organización social global ha fracasado, cuando la sociedad humana ha alcanzado sobradamente los medios necesarios para hacerla ya posible. Su etapa destructora es el signo más preclaro de su inviabilidad como sistema.

 

 Es ingenuo pensar que la continuidad de un sistema caduco pueda resolverse de otra manera. Es ilusorio pensar que la inhumanidad y criminalidad de la corte y la nobleza feudal no fueran también los efectos inevitables del final del feudalismo. Es de cobardes pensar, que esto puede cambiar si la sociedad en su conjunto no se enfrenta de cara con las auténticas causas de esta situación.

 

 En todo caso, si los problemas que se planean deben resolverse a favor o en contra de la Humanidad, dependerá solo de la respuesta colectiva de la sociedad para que se haga de una u de otra manera. O abrir un periodo de cambio favorable o adentrarnos en un periodo de esclavitud sin parangón alguno en nuestra Historia pasada.


 Algunos analistas, como Oswald Spengler (autor de "La Decadencia de Occidente", editada por primera vez en España en 1923), concluyeron que a los periodos de crisis social advienen siempre periodos de Imperio y de cesarismo. Periodos de un gran oscurantismo. Spengler anticipó con bastante acierto la subida al poder de Hitler ante la quiebra, ya entonces, de la dictadura del dinero y de su arma política: la democracia.

 

 Que la profunda  crisis económica capitalista a partir del 29, se resolviera con las dos guerras mundiales (un gran periodo destructivo) no es decir nada de nuevo. Aunque la Segunda Guerra lo fuera con el triunfo de lo que reconocemos por democracias occidentales frente al Tercer Reich (también de la dictadura estalinista), no significa que una nueva tentativa "cesarista", en este nuevo periodo de crisis capitalista, no está planteada en todo su apogeo. Pero ya entonces, en muchas democracias occidentales vencedoras -aún en los EEUU- el pensamiento fascista impregnó profundamente como forma de superar la crisis económica. Este planteamiento corresponde perfectamente a la idea de cómo la fuerza y el terror (y la eliminación de los sobrantes) constituye el único instrumento del poder para el sostenimiento de un orden social caduco en donde la paz, los derechos humanos, la democracia o las leyes internacionales  quedan relegadas, en los momentos de crisis, a cínicos actos teatrales, a puro simbolismo. La única política vigente hoy de las clases dirigentes es la de cómo justificar las actuales y las futuras campañas militares y cómo mantener a sus poblaciones sumisas y calladas frente a la destrucción que están provocando.

 

 (...)"Hubo un tiempo en el que el dinero triunfó bajo la forma de democracia. Él sólo, o casi solo, hacía la política. Su instrumento: el partido pagado (...) Pero tan pronto como se ha ido destruyendo los viejos órdenes de su cultura, surge, como el caos, una magnitud nueva y prepotente que ahonda sus raíces hasta el fondo de cualquier situación: el hombre de cuño cesáreo (...) Desde que despierta la época Imperial, no hay más problemas políticos (...) Las luchas para realizar las grandes verdades de la democracia y de los derechos sin los cuales la vida no parecía valiosa o digna, desaparecieron y los descendientes decidieron no emplear, ni siquiera bajo amenaza, los derechos conquistados (...) Como Nerón que no pudo obligar a los caballeros a que vivieron a Roma para ejercitar sus derechos (...) Como en la época de César en donde la población distinguida casi no tomaba parte de las elecciones (...) Pues la Paz Mundial -que ha existido muchas veces- significa, en realidad, la renuncia privada de la enorme mayoría a la guerra; por lo cual, ésta mayoría -aunque no lo declare- está a dispuesta a ser el botín de los que no renuncian a ella. Así comienza todo, con este deseo de paz y de reconciliación universal entre los Estados. Y termina no moviendo nadie el dedo cuando la desgracia cae sobre el vecino (...) Con el Estado Mayor ejecutor y vigilante "a punto" de esta Paz Mundial, la alta Historia se echa a dormir. El hombre vuelve de nuevo a ser vegetal, siervo de la gleba, obtuso y estancado. En la aldea "fuera de la historia-tiempo" el eterno siervo reaparece, engendrando hijos y sembrando trigo en la madre tierra, enjambre trabajador sobre el que pasa, como viento de tormenta, el torrente de los soldados imperiales. En medio del campo, yacen las viejas ciudades mundiales, vacíos habitáculos de un alma apagada en los que lentamente anida una Humanidad sin Historia. Se vive al día, con una felicidad mezquina y una gran sumisión. Los conquistadores que buscan botín y poder, en ese mundo, pisotean a las masas; pero los supervivientes llenan rápidamente los vacíos con una fecundidad primitiva... y siguen aguantando"  (O. Spengler. Extractos del capítulo "El Estado y la Historia" Tomo II).
     
 El triunfo del advenimiento de un periodo de guerra y de destrucción como nueva salida a la crisis necesita primero conseguir una gran derrota de la Humanidad: Nuestro silencio, nuestra sumisión, el acatamiento sin rechistar de sus planes de terror, de sus campañas militares, de sus bombardeos indiscriminados sobre poblaciones indefensas, de la destrucción de infraestructuras vitales, de la eliminación de los sobrantes por el simple genocidio... bajo la coartada de que nosotros los occidentales (vencedores sobre los “pueblos bárbaros”) podemos seguir permaneciendo en la barcaza de los supervivientes. Solo es preciso no ver, no escuchar, no saber, no hablar, no tomar partido... y creer a ciegas en nuestros dirigentes salvadores que nos seguirán hablando de paz y de democracia, de terrorismo, de Estado de Derecho, de leyes internacionales o de resoluciones de la ONU mientras dure la masacre. Luego, cuando termine, nos hablarán de negociaciones, de reconciliación, de reconstrucción y de ayuda humanitaria. De esta manera, los gobernantes, coincidirán siempre en la labor para la que han estado asignados por el Imperio: no hacer nada mientras la campaña militar se esté llevando a cabo minuciosamente, hasta sus últimas consecuencias. Y así de nuevo, hasta la próxima.

 

   Solo queda que la soldadesca de las colonias releve a las legiones de Roma y asegure los éxitos militares de su última campaña. A este infame cometido ha devenido el papel de la Organización de las Naciones Unidas.

 

 No hay más guerras entre naciones, no hay más guerras entre razas, no hay más guerras entre religiones. Hay una guerra. Es entre el Capital y la Humanidad.

¡Que nadie se confunda! No existe ninguna posibilidad de paz entre los contendientes, como piensan algunos  ingenuos y pacifistas. Habrá un ganador y un perdedor.

 

 Los ciudadanos palestinos, israelitas, jordanos, sirios, libaneses,... deben vivir juntos y trabajar juntos en favor de sus vidas. Deben ir diluyendo sus identidades al tiempo que diluyen los colores de sus banderas y de sus viejos estandartes. Deben hacerlo de la única manera que sabemos hacerlo los seres humanos: aunando nuestros esfuerzos para satisfacer nuestras necesidades más perentorias; trabajando en común y en colaboración; aprovechando, de la manera más racional y eficiente, los recursos y los conocimientos que disponemos; uniéndonos en las relaciones normales y cotidianas de la vida como siempre hemos estado dispuestos a hacerlo; estrechando nuestros lazos de parentesco familiares entre comunidades distintas; sustituyendo el ruido de los tambores de guerra por el sonido armonioso de nuestras canciones y músicas populares; cambiando armas de guerra por libros de saber; libros de brujería por enciclopedias de Ciencia; convirtiendo áridos desiertos en fértiles vergeles; apartando a nuestros jóvenes de sacerdotes, rabinos e imanes (tanto los del "Partido de Dios" como los de la "Casa de Sión") que solo siembran cizaña de odios e intentan perpetuar en nuestras sociedades situaciones de privilegio y estructuras sociales de sumisión; situando a la mujer en plena igualdad; expulsando a gobernantes criminales y parásitos; tendiendo la mano de esperanza a otros pueblos del mundo para que sus ciudadanos también emprendan este camino y especialmente para que obliguen a sus gobiernos a deponer sus actitudes belicosas contra la Humanidad y en favor del Capital.

 

 Esta guerra no se vencerá en ninguna batalla en Oriente Medio, ni en los suburbios de Beirut, ni en los campos de amapolas de Afganistán, ni en Etiopía, ni en Haití. Esta batalla debe ganarse en el corazón del Imperio. En las calles y plazas de New York, Londres, París, Berlín, Tel-Aviv, Buenos Aires o Madrid.
 
 ¡Qué vergüenza si los ciudadanos giramos nuestra mirada hacia otra parte!

 

 Josep Agosto 2006

 

Momento constituyente… y confederal

Escrito por josepgmaynou 29-09-2012 en General. Comentarios (0)

http://josepgmaynou.blogspot.es/img/confederal1.jpg 


 El 25S es mucho más que un 13M en metástasis o un 15M vigoréxico. Se vive un momento constituyente en la sociedad que sólo encuentra en la estructura política del estado represión. Pero lo que vemos en Madrid y Barcelona apunta a la esperanza.


 El 25S es mucho más que un 13M en metástasis o un 15M vigoréxico. Lo que en un principio se manifestó como apoyo o simpatía al 15M, ha evolucionado radicalmente. El quincemismo es sólo una parte, a estas alturas de un movimiento social distribuido mucho mayor. Los consensos sociales no sólo han evolucionado, se están enfrentando -ya era hora- a los cínicos y conservadores dogmas de la generación felipista a la que pertenecen los líderes parlamentarios y empresariales. El resultado es que se vive un momento constituyente en la sociedad que sólo encuentra en la estructura política del estado represión… como era previsible, el viejo y acomodaticio león no da para más.


 Una vez más, y esto es lo verdaderamente importante, la clave no está en los rentistas, sino en lo que encuentren enfrente. Y por fin lo que estamos viendo es aquello a lo que llamábamos en abril:

 Lo que viene es una quiebra general de los estados portugués y español que posiblemente de paso inmediatamente a un hundimiento general del sistema europeo. Para mantener un mínimo músculo y capacidad social de respuesta, hay que reconstruir el espacio deliberativo empezando por la vuelta a las estructuras distribuidas como apuntan movimientos en todo el mundo. Se ha perdido ya mucho tiempo, la crisis económica y social se acelera y no se puede perder más en jueguecitos banales, autocelebraciones y acampadas cool. Es hora de ganar resiliencia ciudad a ciudad para poder ganar esta crisis. Y para eso hay que ganar la red primero.

 ¿Y Cataluña?

 En Cataluña, lo que vimos el último 11S, fue la aplicación lógica y local de ese mismo proceso constituyente protagonizado por una generación que simplemente no puede entender que el estado no sea un software que se puede actualizar o sustituir, en el mejor de los casos una herramienta, no un fetiche sagrado e intocable. Lo llamativo es que la clase política catalana parece tener todavía un marco nacionalista en el que encauzar ese impulso bajo el lema del «derecho a decidir».

 En el horizonte, la propuesta confederalista, fundamental en la lógica de una economía basada en el procomún y las escalas humanas, reaparece como un posible punto de encuentro a ganar frente a unos políticos cuyo aggiornamento no debe hacernos olvidar su naturaleza rentista.


 Pero hoy toca el optimismo, porque como escribe Juan Urrutia, el movimiento independentista catalán, por fin nos permite...


  “...imaginar una perspectiva temporal en la que, en un primer movimiento, ocurriera como una especie de extensión de una confederación entre Estados como los actuales para, en un segundo movimiento, asistir a un desinfle de esa construcción mediante la disipación de Estados que, primero reducirían su tamaño y luego perderían su naturaleza de Estados y ganarían su categoría de comunidades”.


Escribió David de Hugarte (26/09/2012)
http://bitacora.lasindias.com/momento-constituyente-y-confederal/
Relacionado:
http://juan.urrutiaelejalde.org/hacia-un-nuevo-relato-xix-confederacion-y-steady-state/