Indagando el futuro

¡Enhorabuena¡

Escrito por josepgmaynou 01-05-2008 en General. Comentarios (0)


 Los agricultores españoles aumentan, en un año, un 40% sus cultivos transgénicos.
 ¡Enhorabuena¡

 Leer más: Respuesta a Greenpeace a propósito de su documento "Al grano"

 SEPARAR EL GRANO...DE LA PAJA (1)
 SEPARAR EL GRANO...DE LA PAJA (2)

El cuaderno de Rutka

Escrito por josepgmaynou 01-05-2008 en General. Comentarios (0)


"...Vi con mis propios ojos cómo un soldado arrancaba a un bebé de las manos de la madre y le abría la cabeza a golpes contra un poste de electricidad. Los sesos de la criatura salpicaron la madera. La madre enloqueció. Ahora lo escribo como si no hubiera pasado nada... tengo 14 años, todavía no he visto nada de la vida; sin embargo, ya me he vuelto tan indiferente..."

(De los cuadernos de Rutka Laskier, niña polaca de 14 años que escribió un diario antes de ser deportada a Auschwitz. Allí murió gaseada en 1943)

¿El apocalipsis?

Escrito por josepgmaynou 27-04-2008 en General. Comentarios (0)


¿El apocalipsis del capitalismo?

Las teorías catastrofistas sobre la crisis financiera ganan adeptos
RAMÓN MUÑOZ / CLAUDI PÉREZ 27/04/2008 (en el Pais, domingo 27 de abril)

 Imagine un día en que los bancos no tuvieran liquidez, y, en vez de prestar dinero a sus clientes, fueran ellos -o, más exactamente, los contribuyentes- quienes les prestaran más de medio billón de euros. Imagine que grandes bancos de inversión de EE UU y Europa fueran rescatados de la quiebra por fondos de países en vías de desarrollo. Imagine que las viviendas perdieran una cuarta parte de su valor en dos años, y miles de familias no pudieran hacer frente a sus hipotecas, obligando a los Gobiernos a socorrer a los más apurados pagando la ampliación de los créditos hipotecarios. Imagine que los precios de los alimentos básicos se dispararan, se iniciara el racionamiento de arroz en EE UU y en Europa y el coste del petróleo se triplicara en cuatro años sin que apenas se detectaran revueltas sociales, ni la Bolsa, aunque a la baja, sufriera crash alguno. En realidad no hace falta tener mucha imaginación: todo eso ya ha sucedido.

 La economía financiera se ha distanciado de la real más que nunca
 En el fondo, la crisis esconde un grave problema de incentivos perversos
 Las críticas arrecian contra el papel de los bancos centrales en las turbulencias
 Lo peor no es el cartel "se vende", sino que ese cartel lo herede el banco

 La pregunta que ahora se hacen casi todos los expertos -con la única excepción, tal vez, de los que están a sueldo de los gobiernos- es si estamos ante una crisis más, dentro de los grandes ciclos económicos que alternan la bonanza con la depresión, o se trata de algo más.

 ¿Es el fin del capitalismo tal y como lo conocemos? Esa pregunta no es nueva. Ni mucho menos. Se ha utilizado en decenas de publicaciones para explicar fenómenos tan dispares como la incorporación de la mujer al mundo laboral, el imparable ascenso de China e India, o la globalización. Pero ha vuelto a ser acuñada para tratar de explicar en una sola frase las turbulencias que sacuden los mercados internacionales desde hace casi un año.
 Bajo ese mismo título, el diario The Independent publicaba el pasado 28 de marzo un artículo que resume la teoría que podría denominarse apocalíptica. "El mundo occidental se encuentra en una crisis económica de una magnitud similar a la del petróleo de 1973. Asistimos nada menos que al desmoronamiento del liberalismo, el modelo ideológico y económico dominante en los últimos 30 años", decía el rotativo.

 Cuando los mercados son concebidos en términos de obtención de beneficios, no promueven -como dice la teoría clásica liberal- la eficiencia en los servicios, sino la concentración de la riqueza y la especulación. De esta forma, el valor económico real de los activos del planeta es ahora tres veces inferior a los instrumentos financieros (bonos, títulos, acciones, derivados, etcétera) emitidos tomando como referencia esos activos.
 
 Incluso alguien que vive de la buena marcha del negocio financiero como el presidente del BBVA, Francisco González, alertó hace justo un año de esa inflación financiera y "del riesgo que supone el auge de los hedge funds y del capital riesgo".

 Y, mientras, los asalariados se han enfrentado a 35 años de rebaja de su parte de la tarta. La edad de oro del asalariado, como proporción del PIB, fue entre la II Guerra Mundial y la crisis del petróleo, y no esta edad de la liberalización, en la que sólo el 1% de la población en el Reino Unido (ojo, no de Congo) controla más de un tercio de toda la riqueza del país, según el diario británico.

 Esa corriente de pensamiento (o de pesimismo, según se mire) no hace sino sumar adeptos a medida que las turbulencias se prolongan. La afirmación de que estamos ante la peor crisis financiera desde la Gran Depresión de 1930 es compartida por gente nada sospechosa de extremista. El multimillonario Georges Soros, el ex presidente de la Reserva Federal Alan Greenspan, el ex director del FMI Rodrigo Rato o el economista Paul Krugman han comparado la actual crisis financiera con los acontecimientos posteriores al crash bursátil de 1929.

 A ese pesimismo le dan carta de naturaleza publicaciones que pasan por ser biblias del capitalismo, como The Economist,

Fortune, Business Week o Financial Times. Hay expertos que piensan que esta crisis puede desembocar en un apocalipsis si las autoridades monetarias no dan con la solución adecuada. No son precisamente pancarteros antisistema, sino analistas
reconocidos o altos cargos de bancos de inversión con sueldos estratosféricos. Entre los más renombrados: Kenneth Rogoff, profesor de la Universidad de Harvard y ex economista jefe del FMI; David Rosenberg, estratega jefe de Merrill Lynch; Henry Kaufman, jefe de Solomon Brothers entre 1970 y 1980 y dueño ahora de una firma de inversión; Bernard Connolly, analista de AIG y ex jefe de análisis de la Comisión Europea, y Stephen Roach, jefe de operaciones en Asia de Morgan Stanley.

 Aunque desde posturas muy diferentes, todos critican la falta de reacción de las autoridades monetarias para prever las consecuencias de una economía crecientemente especulativa apoyada en el apalancamiento, es decir, en instrumentos financieros (bonos, opciones, acciones, futuros, derivados, etcétera) cuyo valor es muy superior al valor real de los activos en que se basan.

 La "exuberancia irracional de los mercados", una expresión de Greenspan que hizo fortuna, ha sido llevada al extremo en el caso de los bancos de inversión. Las cinco mayores firmas independientes -Goldman Sachs, Merrill Lynch, Morgan Stanley, Lehman y Bear Stearns- tenían un nivel de deuda en 2007 de 41 a 1, según cálculos de Fortune. En plata: por cada euro contante y sonante que captan se endeudan por 41.

 Para entenderlo mejor, lo sucedido desde la última crisis de 2001 se parece al cuento de la lechera, la aldeana que, según caminaba hacia el mercado para vender su cántaro de leche, hacía planes sobre las ganancias crecientes que podía obtener y llegaba a la conclusión de que, trueque tras trueque, acabaría comprándose una granja. En un descuido, el cántaro cae y se rompe, y todos los sueños se van al garete. En la crisis financiera mundial, el cántaro son las hipotecas basura, y los planes de la lechera se llaman CDO, SIV y Conduits, los nombres imposibles de los paquetes de títulos basados en esas hipotecas -y en la firme creencia de que su valor crecería en el futuro-, que han contaminado a todo el sector financiero internacional cuando son un fenómeno genuinamente estadounidense.

 Pero las hipotecas -denominadas subprime o directamente basura- habían sido otorgadas alegremente a gente de dudoso crédito que ahora no puede hacer frente a los pagos. Y el valor de los títulos, como los sueños de la aldeana, se ha venido abajo. No sólo el de las hipotecas subprime, sino el de todos los productos financieros relacionados con ellas.
 Ahora, los bancos no se fían de sí mismos porque aún no saben quién posee esos productos que sencillamente no pueden colocarse en el mercado: nadie sabe cómo valorar nada de lo relacionado con las subprime. El FMI ha hecho una estimación
del agujero de las entidades financieras: un billón de dólares. Pero la banca apenas ha reconocido hasta ahora una cuarta parte de esas pérdidas.

 Jan Loeys, de JPMorgan, cree que hablar de la peor crisis desde la Gran Depresión "es una exageración que refleja el calor del momento", pero admite que sus efectos perdurarán en los mercados "al menos una década".Una de las causas apuntadas por Fortune para esa locura especulativa es la ambición de los ejecutivos de esas firmas de
inversión, que de 2002 a 2006 triplicaron sus beneficios hasta los 30.000 millones de euros, y eran más rentables que la industria farmacéutica o la energética. A sus ejecutivos no les importaba el creciente riesgo que asumían las entidades, porque en ello les iba su sueldo. Las retribuciones de los empleados representaban el 60% de los ingresos de esas firmas, frente al 20% que suponen los salarios en la banca comercial.

 "Uno de los agujeros por los que ha llegado la crisis es que no se ha controlado bien el riesgo, ha faltado juicio para tomar decisiones de inversión por un problema de incentivos perversos. Quienes contrataban las hipotecas basura en EE UU eran agentes que trabajaban a comisión, no les importaba si luego el cliente pagaba o no. Y los bancos se quitaban del balance esos créditos al venderlos en paquetes financieros. Al final nadie se interesaba por si el crédito era de buena o de mala calidad, porque todo se vendía. Pero eso va a cambiar", asegura Guillermo de la Dehesa, presidente de Centre for Economic Policy Research, con sede en Londres.

 Henry Kaufman, que llegó a ser conocido como Doctor Fatalidad (Dr. Doom) porque predijo el alza de las tasas de inflación y los tipos de interés en la década de los ochenta, ha señalado que la actual crisis no tiene nada que ver con las anteriores. Las de 1998 (que provocaron graves problemas en varios países asiáticos, con fuertes devaluaciones de sus monedas) y 2001 (tras el pinchazo de la burbuja puntocom) tuvieron su origen en mercados emergentes. En cambio, la actual nace -y hasta ahora se mantiene- en Occidente: EE UU y Europa.
 Kaufman ha responsabilizado de "la peor calamidad global desde la II Guerra Mundial" a la Reserva Federal (Fed), el banco central norteamericano, por permitir esa expansión financiera sin base real y no poner coto a las prácticas especulativas. Para este economista, no es suficiente con inyectar dinero al sistema, sino que hay que controlarlo férreamente, con la creación de una autoridad supervisora que regule y vigile a la banca.Rogoff también critica a la Fed por su decisión de combatir la recesión reduciendo los tipos de interés, porque, a su juicio, esa medida convertirá a EE UU en una máquina de inflación a escala mundial, agravando las tensiones procedentes del alza de las materias primas.

 Pero el dramatismo de su análisis es aún mayor cuando pronostica que el rescate del sistema financiero no resistirá porque no hay suficiente dinero fresco. Por el contrario, estima que persistirá la contracción del crédito y el desplome del valor de los pisos, que desembocará en un "gigantesco rescate inmobiliario que costará a los contribuyentes estadounidenses un billón de dólares o más". ¿Y quién se atreverá a comprar esa nueva deuda con los tipos de interés por los suelos y un dólar más devaluado que nunca?, se pregunta.

 La respuesta: "El próximo año habrá un aumento masivo de las quiebras corporativas en EE UU, aun cuando muchas empresas llegaron a la recesión con balances sólidos. Las finanzas estatales y municipales están aún en peores condiciones. Ante la caída de ingresos, decenas de municipios en EE UU podrían quebrar".

 Stephen Roach también tiene su apodo. Le llaman el eterno bajista (perennial bear) por sus previsiones fatalistas. Considera que estamos viviendo las consecuencias de la segunda burbuja en siete años, tras la crisis que tuvo lugar entre 2000 y 2001 con el desplome de los valores tecnológicos, provocando un colapso financiero que representaba al 13% del producto interior bruto (PIB). Pero señala que la actual crisis es mucho más grave porque combina dos burbujas, la hipotecaria y la crediticia, que afectan simultáneamente a la construcción y al consumo, que representan el 78% del PIB de EE UU, un peso seis veces mayor que en la anterior crisis. Roach estima que el recorte de los tipos en EE UU no bastará para ayudar a los consumidores que han visto caer el valor de sus propiedades y tienen difícil acceso al crédito. Y propone medidas fiscales de corte keynesiano que favorezcan las exportaciones e inversiones para renovar las anticuadas infraestructuras del país para salir de la recesión.

 Apocalípticos o no, la inmensa mayoría de los expertos coincide en el hecho de que el sistema financiero no volverá a ser el de antes. Cuanto más profunda es una crisis, mayores cambios provoca. Pero hasta los neoliberales tienen claro que ya nada será igual. "No estoy seguro de que podamos ir tan lejos como para hablar del fin del capitalismo como lo conocemos. Pero es evidente que vamos hacia un mundo en el que la banca va a estar sujeta a una regulación mucho más restrictiva que la actual", explica desde Washington Desmond Lachman, economista de cabecera de la American Enterprise Institute, un influyente think tank neoconservador. "El peligro es que la reacción ante la crisis crediticia provoque un exceso de regulación en el sistema financiero, como sucedió tras los escándalos de WorldCom y Enron", añade, en una posición similar a la que ha adoptado recientemente el Instituto de Finanzas Internacionales, el gran lobby bancario.

 El papel de los bancos centrales está siendo fundamental en la resolución de la crisis. Pero sus acciones son discutibles, hasta el punto de que muchos analistas los han puesto en el disparadero. Bernard Connolly, economista de la aseguradora AIG, podría llamarse también el analista antieuro, por su aversión a la moneda común europea, a la que responsabiliza de casi todos los males del Viejo Continente. Ahora vuelve a la carga, al punto de que ha señalado que si la Fed, aunque con medidas no siempre acertadas, trata de evitar la crisis financiera, la misión del Banco Central Europeo (BCE) parece ser la de provocarla. Su teoría tiene como base que la Unión Económica y Monetaria (UEM) se fundó sobre una economía y un marco alemán sobrevalorados, financiados por el resto de países y respaldados por el BCE mediante tipos de interés artificialmente bajos para la conveniencia del conjunto de la UEM.

 Esa combinación generó un boom económico en muchos países que tenía como base el sobreendeudamiento de familias y empresas gracias a la sobreexposición crediticia de bancos e inversores, a menudo basado en la ilusoria seguridad de un inflado precio de la vivienda. Muchos de esos países acumularon enormes déficit y deberán restaurar ahora su competitividad. Pero, como están atrapados en la UEM, sólo pueden hacerlo mediante un ajuste del mercado laboral: desempleo y reducciones salariales. En cadena, esas altas tasas de paro y la caída de los precios y salarios harían que las deudas que han contraído familias y negocios fueran impagables; es decir, el caos. Sobre España, Connolly tiene peores augurios que las brujas de Macbeth: "España se dispone a afrontar la más calamitosa de todas las circunstancias: un ciclo de recesión, deflación y caída general de todo el sector privado".

 Es de esperar que Connolly y el resto de los apocalípticos yerren. Porque lo peor que le puede pasar al atribulado propietario en apuros no es colgar el cartel de "se vende" en el balcón de casa, sino que el cartel lo herede el banco que le concedió la hipoteca. Del destino de ese cartel depende, tal vez, el futuro de la economía, en España y en el
resto del mundo.

Leer mas sobre la cuestión:
FUNDAMENTOS DE LA CRISIS DEL MODO DE PRODUCCION CAPITALISTA

En EEUU no hay ciudadanos

Escrito por josepgmaynou 27-04-2008 en General. Comentarios (0)


“En EEUU no hay ciudadanos”

“...Nadie que ha escrito sobre ella en EE.UU. la considera una novela política. Lo que me ha hecho darme cuenta de la manera tan fuerte en que los norteamericanos no están ya interesados en la política, sino deseosos de abdicar de sus deberes como ciudadanos y entregárselos a los "expertos", que supuestamente actúan en nuestro nombre pero en realidad lo hacen, en primer lugar, para conservar su puesto, y después para servir los intereses de las grandes fortunas, que han comprado su acceso a los despachos. Los americanos ya no son ciudadanos. Como entidades políticas, son seres durmientes, desde un punto de vista moral, y no quieren ser despertados, quieren solamente que se les permita seguir llevando la vida que llevan –trabajando, comprando, enriqueciéndose a expensas de los pobres y de nuestro propio futuro. No es una imagen agradable”.
(en La Vanguardia 26 de abril )


El mercado del arte

Escrito por josepgmaynou 26-04-2008 en General. Comentarios (0)



La incontenible fiebre del mercado del arte.
 

París, 2 de abril. La ministra francesa de Cultura, Christine Albanel, anunció este miércoles 35 medidas para relanzar el mercado del arte en Francia, que van desde préstamos particulares con interés cero hasta incentivos fiscales para las empresas y reformas de las casas de subastas.“Hay una verdadera necesidad de actuar”, aseguró Albanel. Prueba de ello es el hecho de que el mercado francés del arte registra un alza de 13 por ciento, mientras que el mercado mundial crece 36 por ciento, impulsado por grandes competidores, como China. Este conjunto de medidas fiscales, que serán presentadas ante el Parlamento en el contexto de la ley presupuestaria para 2009, están destinadas principalmente a “desarrollar las colecciones privadas”, dijo Albanel.Por ejemplo, se creará un dispositivo de préstamos con interés cero para incitar a los particulares “modestos” a comprar arte, por un monto de entre 7 mil y 10 mil euros. Los bancos –que todavía no han sido consultados– se beneficiarían a cambio de mecanismos relacionados con la ley del mecenazgo. Para las empresas, esta legislación –que permite deducciones fiscales en las compras de obras de arte– será modificada con el propósito de hacerla más atractiva para las pequeñas sociedades y será además extendida a las profesiones liberales.La ministra propuso medidas para “aligerar y modernizar” el reglamento de las casas de subasta francesas, para que puedan competir con sus pares extranjeras.


La sobreacumulación de capitales

 La noticia es esclarecedora. No hace falta ser un gran erudito en economía para comprender el alcance de esta pequeña y desapercibida noticia periodística. ¿Crisis económica? ¿Crisis de producción?  ¿Inflación? … No, es una crisis por sobreacumulación de capitales que retirados del proceso productivo propiamente dicho buscan su supervivencia en la economía especulativa.

 El mundo del dinero, ajeno e impasible al hambre y a la precariedad  que acucia a numerosos pobladores de la Tierra por la imparable subida de los precios de los alimentos, anda enloquecido.
 La ruleta del gran casino capitalista parece dar la espalda a sus jugadores. Es una mala racha, dicen los más optimistas. Una mala racha para los cerca de 150 millones de personas que invirtieron en la bolsa China de Shangai, o a los inversores del UBS (el mayor banco suizo que invirtió en las hipotecas subprima en los EEUU y que empleó en sus oficinas a más de 30 mil trabajadores), o a los accionistas de la Societe General que perdieron por valor de 4.900 millones de euros, por culpa, aseguran, por el desliz de un empleado desleal, o a los clientes del Northern Rock, banco que inauguraba el primer “corralito a la argentina” en la vieja Europa, a no ser por un plan urgente de rescate del Banco de Inglaterra  para evitar su colapso… Las noticias de situaciones de pánico, como éstas, son hoy innumerables. El mundo del dinero anda enloquecido.

 Pero el dinero no se pierde, no desaparece. El dinero solo cambia de bolsillo. Unos muchos pierden para que otros pocos ganen. En los momentos de crisis financiera nunca “los pocos”  ganaron tanto. Los muchos que siempre pierden son los infelices partícipes de este casino que sueñan que el dinero, por arte de magia, hace por sí mismo más dinero. La Banca, la gran Banca siempre gana. Y resultado de todo ello es más poder y más concentración de capital para los vencedores de las crisis financieras. En Wall Street  a los que aprovechan la oportunidad les llaman “inversores buitre”. Ahora compran  hipotecas a las familias en apuros, préstamos bancarios a negocios sin liquidez,  empresas que están en la bancarrota, etc.…  todo a precio de saldo ¡Las hipotecas subprime han hecho, por ejemplo, que John Paulson ganara 2.400 millones de dólares, a través de su firma de inversión Paulson&Co, o que Wilbur Ross  se enriqueciera comprando empresas del acero a precios irrisorios… también estas noticias aparecen hoy con  asiduidad. Pero la ruleta sigue girando: ¡Sigan jugando señores¡

 En los mercados de valores, en las bolsas de todo el mundo se intercambian capitales que previamente han sido retirados del proceso productivo. Se trata de capitales  (resultantes de una acumulación previa) que no quieren volver iniciar una nueva rotación en la economía real para reproducirse y aumentarse. Son, dicho de otra manera, solo dinero que se niega a convertirse en Capital para empezar de nuevo el círculo “dinero-mercancía-mercancía-dinero”. En la pura alteración de los precios y en la especulación (y no en la economía productiva) basan su existencia y su futuro. Sus perturbaciones no son ni mucho menos la causa de la crisis, como piensan algunos, sino tan solo alguno de sus efectos. Es el termómetro que señala la profunda irracionalidad de un sistema social que inmoviliza, esconde o destruye, si hace falta, grandes masas de capitales. Esta especulación  es la causante de la irrefrenable subida de los precios de los alimentos que tanto sufrimiento está causando.

 El dinero apuesta por la economía especulativa y no en su reinversión en educación, sanidad, investigación científica y en aplicaciones tecnológicas… Es el camino hacia la feudalización del capitalismo en donde las condiciones de vida y de trabajo se acercan cada vez más a los periodos iniciales del capitalismo. Una producción social sin apenas trabajo asalariado sería el fin del Capital. Aquí está el meollo de la cuestión.

 La producción social  para el desarrollo y bienestar de la Humanidad  no puede depender del mundo del dinero, de las relaciones que lo sustentan, de las leyes que lo legitiman y de las formas de opresión política  que las rigen. La sociedad trabajadora sabrá seguir avanzando en otra dirección.