Indagando el futuro

Confederalismo asimétrico

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 El reflejo político: comunales, confederalismo asimétrico y principio de subsidiaridad


 La progresiva reducción de la escala óptima de producción es el origen de la crisis, pero también de la posibilidad de que el modo de producción P2P sea una realidad. Pero si la escala se reduce en la producción, ¿no sería lógico pensar que la administración pública también se ha de reducir? Los grandes estados descentralizados tienen muchos de los problemas de las grandes empresas y además son el gran objetivo de los captores de rentas. Como el pensamiento libertario y anarquista defiende de Proudhon a Hayek, administraciones de pequeña escala con lazos confederales entre si serían una defensa contra la captura de rentas del poder público.


 Por otro lado se generan inevitables tensiones entre la naturaleza universal del comunal y la naturaleza local de una parte creciente de la producción y su distribución física. La tentación autárquica, incluso insularista, aparece rápidamente, dejando de lado uno de los elementos más esperanzadores de la emergencia de las redes distribuidas: la erosión de las viejas identidades del estado nacional y la aparición de nuevas identidades transnacionales y anacionales. Pero realmente, la evolución de la transición hacia el modo de producción P2P, ha ido mano a mano con la emergencia de nuevas comunidades transnacionales, muchas de ellas, de China a Senegal, han experimentado diversas formas de autonomía económica. Su papel en el futuro no es pequeño. La sociedad P2P conocerá el comercio y la movilidad de larga distancia. No podría no conocerlos sin poner en peligro su capacidad para crear bienestar y cohesión social.


 Ciertamente escalas más pequeñas significan más producción local, pero los transportes mercantes intercontinentales de bajo coste -posiblemente basados en energías renovables- continuarán. La revalorización de la producción local, liberada del sometimiento a las escalas gigantescas, no significa en absoluto un nuevo autarquismo localista.


 No es lógico pensar el fenómeno transnacional limitado a los procesos deliberativos que generan el comunal de conocimiento. Si el nacimiento de identidades transnacionales continúa y confluye con el desarrollo general del modo de producción P2P, lo transnacional empoderará lo local a través de comunidades identitarias que bien podrían dar lugar a un «continuo de libertades y bienestar» por encima de las herencias de los diferentes niveles de desarrollo y los estados nacionales en descomposición. Las filés seguramente sean vectores de comunicación, comercio y transnacionalización de la ciudadanía. El modo de producción P2P no rechaza la globalización, la redefine desde lo local y lo comuninario.


 Distintas propuestas traducen este horizonte, pero posiblemente la más clara sea la redefinición de confederalismo de Juan Urrutia, quien trabaja el concepto de «confederalismo asimétrico». Confederalismo en el sentido cantonalista clásico: gobiernos democráticos autónomos locales que voluntariamente comparten partes de su presupuesto con otras administraciones del mismo nivel a través de organizaciones supraterritoriales. Asimetría pues no solo contrata con gobiernos territoriales sino también con organizaciones transterritoriales.


 Por otro lado, la definición del cuerpo electoral -quién tiene derecho a voto- aparece cada vez en más lugares en el centro del debate político. Por ejemplo, las elecciones locales en muchas ciudades de Europa se deciden por el «voto emigrante», que es, muchas veces, el de los nietos de los que emigraron… y apenas conservan relaciones «culturales» con el origen de sus abuelos.


 El fenómeno es interesante. Por un lado los estados en descomposición tienden a priorizar el principio de nacionalidad sobre el de ciudadanía, liberándose de la idea contractual que sostiene al segundo en favor de la afirmación identitaria que define a la primera. Pero por otro lado, la definición misma de la comunidad nacional imaginada, basada en los orígenes, pone en cuestión la posibilidad misma del carácter nacional del estado por la creciente transnacionalización de los grupos lingüísticos y culturales: por muy nacional que se quiera el aparato administrativo, ni son todos los que están ni están todos los que son. De hecho podemos también recordar el debate israelí entre los defensores de un estado étnico como el actual -que da ciudadanía a cualquier judío étnico del mundo- y los defensores de una reforma hacia el estado nacional.


 La salida nacionalista autoritaria pasa por la homogeneización y la xenofobia hacia dentro y el expansionismo del censo hacia fuera. Es decir, a una parte de los vecinos no se les quiere dejar votar y sin embargo se le otorga el derecho al voto a personas que nunca vivieron en el lugar. El resultado inevitable es que son muchos los que en Galicia, Asturias o Israel no entienden por qué el alcalde de su pueblo acaba siendo decidido por un grupo de personas a las que sólo vieron un par de veces durante unas vacaciones, por cierto generalmente pagadas con dineros en teoría dedicados a la cooperación al desarrollo.


 La idea del confederalismo asimétrico se presenta aquí como algo sensato y aplicable a corto plazo sin mayores dramas. La idea es que si existe un procomún cultural a ser mantenido debería desarrollar sus propias estructuras transnacionales. Estas serían algo diferentes del W3C o la Mozilla Foundation: sus miembros tendrían una cierta autonomía cultural reconocida globalmente para definir sus propias políticas culturales y lingüísticas entre sus miembros, entre los que podrían desarrollar también políticas de cohesión y solidaridad económicas propias. Pero la administración de lo que es local se decidiría por un censo basado exclusivamente en la vecindad, atendiendo tan sólo al principio de ciudadanía.


 Actualmente algunos estados como el austriaco o el español, incluyen en sus formularios de impuestos campos que permiten al contribuyente decidir si entrega un porcentaje de lo que paga a la confesión religiosa a la que se adscribe o a «otros fines de interés social» definidos por el estado mismo. Podemos imaginar una manera semejante de incluir la dimensión transnacional y comunal en un sistema confederal con soberanía fiscal como el suizo: votan en cada lugar los vecinos pero cuando van a pagar sus impuestos, pueden elegir que una parte se destine a una organización transnacional que le represente en la identidad a la que se adscriban, sea cultural basada en un procomún identificado con un «origen» (gibraltareña, brasileña, vasca o judía por ejemplo) o una comunidad transnacional sintética (indiana, muridí, focolara, esperantista, etc.) u otras comunidades productivas del comunal (Linux, cuidado de los océanos, etc.), todas ellas organizadas sobre distintas fundaciones u organizaciones internacionales.

 

 Es de destacar que todo esto sólo es realmente aplicable si existe una soberanía fiscal cantonal que, por cierto y no por casualidad, es la base de la democracia directa. Y todavía, es necesaria una aclaración más: la coherencia de todo el sistema lleva a redefinir el principio de subsidiaridad para incluir también la relación entre la propiedad pública y la comunal. De hecho, todo confederalismo asimétrico necesariamente defiende la supremacía de la administración en comunal: los gobiernos no deberían administrar nada que pudiera ser gestionado como procomún.


Fuente: extracto del documento “El modo de producción P2P”
http://lasindias.org/el-modo-de-produccion-p2p/

 

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