Indagando el futuro

Eurolandia reducida a cenizas.

 

 Los estados están cada vez más enredados en las contradicciones de la política monetaria. Ya no parece posible soportar temporalmente la crisis económica mundial con déficits presupuestarios sin precedentes sin que con ello se vea cercana una recuperación autosostenible. Ahora, los postulados de una política de disminución de la deuda y de las finanzas públicas amenazan con estrangular nuevamente la débil coyuntura económica. Los directivos del FMI coquetean con la “inflación controlada” postergando nuevamente para más adelante el problema de su control. No es casualidad que la zona euro esté colocada en el centro de la crisis monetaria. La construcción de la Unión Monetaria entregó al Banco Central Europeo las antiguas soberanías nacionales con diferentes niveles de productividad y con capacidades financieras desiguales. El objetivo era externalizar esta contradicción a través de una coyuntura de déficit globalizada. En la medida de que esta coyuntura pierde fuerza, la eventual quiebra nacional de los países de la eurolandia, financieramente más débiles, se convierte en un polvorín para la unión monetaria.

 

 Después de las garantías y las ayudas al sistema bancario en crisis y los programas de apoyo a las políticas de déficit, la UE ha puesto en marcha un tercer paquete de rescate para salvar las finanzas públicas de los estados candidatos a la bancarrota.
 La salvación del euro y del sistema bancario ya depende en gran parte de la alimentación intravenosa del Estado que también se asienta en títulos de deuda pública de dudoso valor, aunque todo ello sea a costa de la depresión de los países del euro financieramente más débiles. La ayuda ya se hizo para Grecia; seguirá para España, Portugal y para otros países. El resultado solo puede ser una explosión del desempleo en masa de Alemania que va a repercutir nuevamente en el resto de Europa. Una política de austeridad a costa de los países del euro con saldo comercial negativo, que equivale al colapso de la política de exportación alemana, amenaza en colocar el estrecho margen presupuestario del Estado alemán en la misma posición que los criticados países con elevados déficits. La fortaleza financiera se ha convertido en este caso en flaqueza financiera. Si las consecuencias deflacionistas de la economía del ahorro resulta una nueva vuelta de tuerca, esta resultaría una combinación caótica de tendencias inflacionistas y deflacionistas (stagflacción). El Gobierno de Merkel no está en condiciones de imponer sus propios intereses a la Unión Europea, pero fluctúa entre la peste o el cólera. Pero mucho menos puede ir hacia atrás, a una zona económica y monetaria en el sentido chovinista dependiente del marco alemán que siempre tuvo por base la exportación en una orientación unilateral. Regresado a una economía nacional propia, el esplendor alemán se acabaría completamente. Las contradicciones internas de la  Unión Monetaria Europea son el catalizador para la segunda oleada de la crisis, que hace en esta situación que a Estónia se la acepte en la comunidad del euro y sea elogiada por el cumplimiento de los criterios de estabilidad, que ya no existen. El Banco Central Europeo ya ha comenzado a comprar títulos de deuda pública sin valor. Pero sin embargo el problema no está en el nivel nominal de los déficits de los supuestos países endeudados sino su carencia de solidez financiera. El déficit nominal, calculado en relación al producto interno bruto nacional, es mayor en Alemania que, por ejemplo, en España. Pero Alemania puede mantenerse por encima de la línea de flotación gracias a sus enormes excedentes de exportación, especialmente en la zona euro. Ya desde el 2009 los Estados de la Unión Europea han insistido en la reducción de este “desequilibrio”. Contra esto, debe decirse que Alemania no debe ser acusada por su fuerza de exportación, sino que los otros deberían estar en condiciones semejantes. Condiciones que consisten, sin embargo, en que Alemania tiene el mayor sector de bajos salarios de la Europa occidental, situación que se combina con su fuerza financiera. Los excedentes de exportación resultantes, pero, solo pueden ser financiados a través de los déficits de los países financieramente más débiles.

 

 Ahora el gato se muerde la cola. El circuito de déficit dentro de Europa ha llegado a un callejón sin salida y pone de manifiesto la contradicción de la Unión Monetaria. La inundación desenfrenada de dinero del Banco Central Europeo y el total abandono de los criterios de Maastrich van a llevar a continuación a la inflación del euro, y no solo por esto, sino como consecuencia  de los presupuestos del Estado que se han reducido drásticamente. Actualmente la clase política y el “centro” de Alemania han caído en un chovinismo nacional en contra los países con elevado déficit. Por su parte, la izquierda reclama una economía del ahorro de Alemania en la zona euro y de erosión de la soberanía nacional. Este discurso ideológico no se apercibe que existe entre ambas cosas una interdependencia mutua. La política de extrema austeridad, puesta en marcha para salvar el euro, tiene inevitablemente como resultado un choque deflacionario. Si el poder de compra inducido por el Estado se detiene, se va a pique no solo la desvalorización de la fuerza de trabajo sino también la desvalorización del Capital fijo y de las mercancías de la Zona Euro. Esto demuestra que la fortaleza de las exportaciones supuestamente unilateral de Alemania en la Unión Europea era una política de pies de barro.

 

 Robert Kurz
 Texto original: http://o-beco.planetaclix.pt/rkurz364.htm

 

http://josepgmaynou.blogspot.es/img/eurolandia4.jpg 
 

Comentarios

No hay ningún comentario

Añadir un Comentario: